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Una calmada transformación: Cambiar sin correr es posible

El reloj marcaba las 08:15 de la mañana del pasado día miércoles. Al descender del avión que me llevó a la ciudad de Córdoba, Argentina, iba caminando hacia la salida del aeropuerto cuando me encontré con una imagen que no sólo captó por completo mi atención, sino que también la de algunas personas con las que la compartí.

El artículo de hoy se inspira en esa imagen (que compartiré al final del artículo) y en una de las varias preguntas que recibí en mi cuenta de Instagram. Estoy entusiasmado por compartir esto y también por la oportunidad de tomar a esta pregunta para que todos podamos aprender, interiorizarnos y crecer. Agradezco abiertamente a Emiliano Romano por haberme permitido ponerle cara a su consulta y por su humildad a la hora de preguntar.

El desgano generalizado, la apatía, la frustración social e incluso esa sensación de estar “hartos” de estar hartos de lo mismo, son apenas algunos de los síntomas sociales y antropológicos de una colectiva insatisfacción mundial.

Estos síntomas no distinguen entre culturas, religiones o países. Luego de investigar y analizar información sobre el tema, los siguientes datos y estadísticas son un llamado a que paremos la pelota por un momento:

  • Según la OIT la principal causa de ausentismo en las empresas se debe a enfermedades.

  • Jeffrey Pfeffer, profesor de la universidad de Stanford y autor del libro “Muriendo por un salario”, rescata investigaciones en Estados Unidos y Reino Unido donde el 50% de los días perdidos por ausentismo laboral tiene causa directa con estrés laboral.

  • En los países de latinoamérica como Argentina, Chile, Uruguay y Colombia entre el 25 y el 40% de las ausencias se debe temas relacionados con estrés laboral y excesos en los intentos por aliviar el estrés (todo lo relacionado con el entretenimiento y la diversión, incluyendo el uso de sustancias).

La frustración e incluso la presión de vivir insatisfechos, han potenciado el crecimiento de una de las industrias más pujantes de las últimas décadas. La industria del entretenimiento y la diversión ha crecido, desde los años 50/60, de manera constante (incluso en época de “crisis”).

Cuando decimos industria del entretenimiento y la diversión no sólo me refiero a viajar y conocer sitios, también me refiero a toda actividad que realicemos en búsqueda de entretener y distraer nuestra mente (puede ser desde ver una película, ir al teatro, ver deportes, salir, ir a bares, beber, fumar, pasarnos horas en redes sociales y todo aquello que nos lleve a dispersar nuestra atención de lo que nos edifica). Si quieres indagar en la diferencia entre ocio pleno y ocio distractivo sugiero vayas a Procrastinación vs Ocio pleno, ¿Cómo disfrutar y ser más productivos?

Esto despierta la parte más curiosa de mí y me surgen preguntas como: ¿Para qué nos entretenemos? ¿Buscamos gozar plenamente o una simple distracción de la apática vida que llevamos? ¿Qué viene a llenar exactamente lo que esta industria nos ofrece?

Las preguntas nos traen una noticia buena y otra mala. La buena noticia es que cada uno de nosotros tenemos, de manera intrínseca y propia de la condición humana, el poder para cambiar el rumbo de nuestra vida. La mala es que comenzar a cambiar tu vida depende tanto de vos como comer, dormir o cualquier actividad que nadie puede realizar por vos.

Para dar un paso hacia una vida más consciente, libre y plena sugiero dar un vistazo a la raíz de la palabra inglesa “exit”. A pesar que culturalmente pensamos que es una palabra de origen anglosajón, tiene la misma raíz que la palabra “éxito”. Exit y éxito provienen del latín “exitus” y quiere decir “salir”.

¿Será que queremos salir de la vida tal y como la vivimos?

El orden social propuesto por la era industrial, la manera de combinar vida y trabajo en el siglo XX, y los estereotipos comerciales de “éxito”, nos han llevado a ordenar nuestra profesión (y con ello nuestra vida) de una manera poco feliz.

Aceptar que venimos siendo seres humanos de cuerpo presente y mente ausente es el paso 1 para comenzar a tomar decisiones diferentes. Si en tu vida no hay nada que aceptar, nada que cambiar y vives en total plenitud y abundancia, entonces me alegro mucho por vos y te invito cordialmente a que no continúes leyendo, esto no es para vos.

Si en algún punto sospechas que la mayoría de la población en occidente actúa y vive como si fuésemos zombies ejecutando una y otra vez una rutina durante la semana y otra rutina (para olvidarnos de esa rutina de lunes a viernes) durante el fin de semana (o vacaciones) entonces esto es para vos.

Aceptar que el problema no lo tiene el lunes sino que, cada uno de nosotros tiene en sus manos la decisión de comenzar a buscar una solución, es un paso obligado para encontrar una salida a la manera que tenemos de vivir.

Aunque las dudas, el miedo y la incertidumbre te invadan, déjame recordarte que otra vida es posible. Que vivir de lo que te gusta se puede, no es ciencia ficción. Que no es necesario que tengas nada para ser feliz. Que ser feliz tiene más relación con una manera de experimentar la vida que con una lista de cosas a lograr. Que tus miedos jamás desaparecerán, sólo aprendemos a domarlos. Que no hace falta tener un talento magnánimo ni invertir toneladas de dinero para que te paguen por lo que disfrutas hacer y poder vivir de ello.

También es necesario comprender con la mente, el espíritu y el cuerpo que el camino al “éxito” (léase salir de la vida que hoy tienes para vivir la vida que quieres vivir) es un proceso, es un camino, es un transitar. No se concreta con apretar un botón ni se da de la noche a la mañana. ¿O si? Como diría Woody Allen, reconocido y consagrado director de cine, “me tomó 20 años tener éxito de la noche a la mañana”.

  • Comprender con la mente que el camino es un proceso implica querer conocer qué pasos vamos a dar. 
  • Comprender con el espíritu es tener la certeza de que no caminamos solos y somos merecedores de encuentros inesperados que nos ayudarán y asistirán.
  • Comprender con el cuerpo es ser pacientes, querernos, atendernos y no culparnos ni maltratarnos por nuestras decisiones. 

Este caminar puede vivirse desde la consciencia o desde el azar (o inconsciencia). El azar consiste en obtener un resultado (que nos guste o no) sin tener la menor idea de qué sucedió en el proceso.

Cuando caminamos desde la inconsciencia no prestamos atención al proceso. El riesgo de dejar nuestra vida librada al azar (o no ser conscientes del proceso) no sólo consiste en desconocer el proceso que nos hace vivir en plenitud y abundancia, sino que al no conocerlo, no podemos repetirlo.

Esto último, desde mi perspectiva, representa verdadero peligro. Es decir, vivir una vida sin consciencia (azar) no nos permite repetir el proceso de buscar la salida o el camino hacia nuestra felicidad, plenitud y abundancia.

¿Y para qué es necesario ser consciente?

Si somos conscientes protegemos nuestro camino y tomamos mejores decisiones sin dejarnos afectar (o dejándonos afectar) por la industria del entretenimiento lo menos posible. Esto parte de aceptar que la distracción siempre estará allí, esperando que nos trabemos un poco en el proceso para captar nuestra atención y desenfocarnos de una vida consciente.

Para dar un cierre a la entrega de hoy, además de compartir la foto que te prometí, quiero agradecerte por haber llegado hasta acá, por querer vivir una vida calmada y transitar cambios sin correr.

Si te sientes perdido o perdida y quieres encontrar tu salida puedes escribirme o, dejar tu comentario acá abajo y yo mismo te escribiré. 

 

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Buena Vida,

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