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¿Qué hacer cuando todo se va a la mierd*?

"Un ser humano se descubre cuando se mide con un obstáculo"

Antoine de Saint Exupery

En tiempos como los que corren, la maestría y gestión emocional integral son una habilidad básica, no son un lujo. Lo que antes pudo ser considerado como una ventaja diferencial en el mundo profesional hoy ha pasado a ser una habilidad de primera necesidad.

No sólo porque tal vez la maestría emocional sea lo último que los robots puedan aprender e imitar, sino porque la velocidad con la que se producen los cambios y sobresaltos propios de la era en la que vivimos requieren una versión mejor gestionada de nosotros mismos en todos los ámbitos de nuestra vida (o, estaremos librados al azar de la montaña rusa de cambios globales y digitales).

Antes de mostrar la diferencia sustancial entre emociones y estados de ánimo hagamos doble clic en las primeras.

¿Qué son las emociones?

Las emociones son reacciones psico-físicas causadas por la respuesta de nuestra mente a determinados estímulos externos o internos.

Para comprender más en profundidad qué quiere decir esta definición miremos parte por parte. Cuando hablamos de reacción, hablamos de cambio o transformación del estado actual de nuestra corporalidad. Es decir, una emoción es una sensación que solo puede sentirse en el cuerpo (por más obvio que suene sin cuerpo no hay posibilidad de sentir la emoción).

A su vez, como decimos que la reacción es psico-física, las emociones son causadas por la interpretación de nuestra mente a estímulos que pueden ser externos e internos. Estos estímulos son fácilmente identificables y tienen muy corta duración temporal.

Los estímulos externos son los producidos más allá de nuestra mente (el ladrido de un perro, un accidente de tránsito, un encuentro con una persona querida, etc.), y los estímulos internos son provocados por nuestra mente (un recuerdo vivido, una imagen, la visualización de un resultado deseado, etc.).

En la anterior explicación está la primera puerta que nos abre un espacio para intervenir y gestionar nuestra propia emocionalidad. Es decir, las emociones no diferencian entre estímulos internos o externos para hacerse notar. Ellas simplemente se hacen presente cuando nuestra mente les dice que lo hagan, no se preguntan cuán “real” es la realidad que nuestra mente procesa. Dicho de otra forma, podemos causarnos a nosotros mismos las emociones que queremos sentir.

Nuestra mente actúa, ante la realidad que nos rodea, como un filtro. Su primer tarea, es percibir. Esta percepción está condicionada por dos factores preponderantes:

  • Lo que heredamos (información en nuestro ADN y transmitida en los genes).
  • Lo que aprendimos y/o experimentamos (histórica y culturalmente).

Al percibir acontecimientos, sucesos, encuentros con personas, escenarios posibles, escenarios no deseados, etc.; nuestra mente los filtra y contrasta con lo que admitimos como probable, improbable, posible, imposible, seguro, inseguro, etc.

Si bien luego de filtrar se inicia un trabajo de procesamiento mental, es importante destacar que todas nuestras percepciones (ya sean a estímulos externos o internos) están condicionadas por nuestra interpretación mental y personal del estímulo. Nadie puede interpretar y procesar la realidad sin su filtro, ningún ser humano está biologicamente diseñado para poder hacerlo.

Si bien esto pueda parecer una limitación, aquí se encuentra la segunda puerta de intervención emocional: cambiar nuestras interpretaciones.

Cuando todo se sale de lo esperado, cuando ocurren situaciones de crisis, de cambios, de transformación y nada es como lo pensabas, es reconfortante saber que siempre disponemos de nuestra última libertad invulnerable: la voluntad. Y por sobre todo, la voluntad de cambiar nuestras interpretaciones.

Lo que hagas por vos mismo o vos misma te pondrá en una mejor o en una peor situación. Pero lo que no hagas por vos nadie lo hará. Lo que no aprendas a gestionar nadie lo aprenderá ni gestionará por vos.

Tarde o temprano estarás en la posición de tomar las riendas de tu vida y allí tendrás dos caminos: acudir a tu mejor o a tu peor versión. Como dice Dale Carnegie, recuerda que hoy es el mañana por el que te preocupabas ayer, y mañana será el hoy por el que te vas a agradecer o lamentar.

Si bien esto de cambiar nuestras interpretaciones será desarrollado en la parte dos de este artículo, la entrega de hoy quiere mostrarnos la posibilidad que tenemos de trabajar sobre nuestra vida y nuestras emociones, sobre todo cuando nada sale como queríamos. Si deseas saber más sugiero ir a ¿Qué es la inteligencia emocional?

Para caminar hacia nuestra maestría emocional, el primer paso es identificar nuestras propias emociones. Las emociones básicas y más fáciles de identificar son seis: alegría, tristeza, ira (o enojo), asco (o aversión), sorpresa y miedo.

Me gustaría dejarte con las siguientes preguntas, ¿Eres consciente de cada una cuando las atraviesas? ¿Cuán fácilmente las identificas en los demás?

Si quieres continuar la lectura sobre este tema recomiendo ir a ¿Cómo surfear la ola de cambios de esta era? Recuerda que para recibir en tu bandeja de entrada la parte dos de este artículo puedes dejar acá abajo tu dirección de correo electrónico.

Buena Vida,

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