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Procrastinación vs Ocio pleno, ¿Cómo disfrutar y ser más productivos?

El dilema sobre cómo disfrutar plenamente y, al mismo tiempo, ser más productivos empieza a abrirse puertas en nuestros temas de conversación y poco a poco va tomando más protagonismo en los profesionales, los equipos y las organizaciones de nuestra era.

A partir de las investigaciones que los expertos han realizado sobre el tema, podemos decir que resumen sus conclusiones en tres principios y actitudes fundamentales:

  • Gratitud
  • Pausa
  • Silencio

Más allá de que las iniciales de estas tres actitudes sean GPS (como queriendo darnos un particular mensaje que cada uno puede interpretar como más le resuene), en el artículo de hoy desarrollaremos cada una de estas actitudes y cómo, a través de una práctica constante de cada una de ella, podemos encontrar armonía entre nuestro disfrute y productividad.

Tomemos "GPS" y empecemos por el final, la última de estas actitudes es: el silencio.

El silencio es el lado oculto de nuestro lenguaje. En él reside el verdadero poder de permitir que todos los sonidos, palabras y acontecimientos sean posibles. Sin silencio no podemos identificar ningún sonido. De hecho, gracias al silencio podemos escucharnos, sentirnos, percibir nuestros cuerpo y nuestras emociones.

Es el espacio entre frase y frase, entre pensamiento y pensamiento, entre la pregunta y la respuesta. El silencio no se hace, está hecho en sí mismo y sólo debemos darle lugar para que inunde un poquito más nuestra vida cotidiana. “Hacer” silencios cada vez más largos, es darle permiso a tu alma que aflore, es darle lugar a tu verdadera esencia que sea por sí misma.

Si bien existen prácticas y métodos como el Yoga, la meditación o el mindfulness, un simple momento de contemplación en la naturaleza nos ayuda a comprender que no estamos en este mundo, sino que somos parte de él. Tu no pasas por la tierra, no estás acá, tu eres la tierra.

El silencio y la contemplación nos da pie a la segunda actitud de la cual hablan los expertos: la pausa.

Poner en pausa la carrera sin fin de nuestro estilo de vida occidental es una necesidad básica en pos de disfrutar y ser productivos. Si hablamos de poner pausa a nuestra carrera de vida nos abrimos la puerta a resignificar nuestros momentos de ocio pleno o, goce. Es clave ser conscientes de lo productivo que somos a partir de disfrutar, gozarnos la vida.

Para que esto sea posible hay una habilidad que entrenar: el decir “NO” y poner límites sanadores. Al protegernos y estar convencidos en nuestros “no”, estamos ayudándonos y cuidando de nosotros mismos.

Pero... No todos los “NO” que decimos dan lugar a la pausa. Resulta imprescindible distinguir el tiempo de ocio pleno (llámese también disfrute, goce, etc.) del tiempo de ocio distractivo (el que usamos para procrastinar o dispersar nuestra atención).

Diferenciamos los momentos de ocio pleno de los momentos de ocio distractivo dado no es lo mismo mirar una serie en netflix o salir con amigos y amigas para procrastinar una tarea o esquivar un compromiso, que tener verdaderos momentos de goce y esparcimiento en los cuales disfrutar es el fin en sí mismo.

El juego, el goce, el ocio pleno o el disfrute nos brinda armonía y nos sintoniza de manera extremadamente productiva. Conectas contigo, conectas con tu niñez, con tu alegría plena, ayuda a desconectar el ruido interno de tu mente y permite reestablecer nuestra armonía interna.

Pero cuando buscas tapar algo (como por ejemplo una emoción que no te guste sentir) el goce o el disfrute no tiene el mismo sabor. El goce pleno se convierte en distracción, dispersión e internamente sabes que no es lo mismo gozar que distraerte para escapar y tapar emociones de frustración, dolor, ira, temor, etc.

Si lo pensamos por un momento no estamos hablando de la actividad en sí misma, sino de la actitud que tenemos hacia la actividad. Es decir una persona puede perderse la tarde viendo Netflix para escapar de sus responsabilidades o puede hacerlo para compartirlo en familia o consigo mismo y gozarse verdaderamente el momento.

Con la comida funciona igual, una cosa es comer por nutrición y otra es comer en demasía. Esto puede ser un síntoma de la búsqueda de placer en la comida producto del sinsabor de vida cotidiana de cada uno.

¿Eres capaz de distinguir el ocio distractivo del ocio pleno en tu vida?

Una manera rápida de darte cuenta de la diferencia es hacer el siguiente ejercicio: Si fueses totalmente coherente con la visión que quieres para tu vida dentro de 5 o 10 años, ¿Desde dónde eliges actuar? ¿Optas por desenfocarte y disfrutar a medias, o hacer lo que corresponde y gozar la vida?

Retrasar tareas que me llevan a mis objetivos de largo plazo tapando emociones no trabajadas es un ingrediente perfecto para una vida infeliz.

El alquimista, maravillosa obra de Paulo Coelho, nos sugiere el siguiente aprendizaje: en los viajes, y vale también para el viaje de la vida, hay momentos para todo. La plenitud se encuentra cuando mente, alma y cuerpo están al mismo tiempo en el mismo lugar. O lo que es lo mismo que decir “come cuando haya que comer, descansa cuando haya que descansar y camina cuando haya que caminar”.

En el momento que comas pensando que tienes que caminar o camines pensando en descansar empiezas a desconectarte de tu verdadera esencia. Para reconectar con tu verdadera esencia simplemente procura que mente, alma y cuerpo estén en al mismo tiempo en el mismo lugar.

Cuando vivimos conectado a la esencia se hace posible la tercer actitud o principio fundamental: el agradecimiento.

¿Con qué facilidad puedes sentirte agradecido o agradecida? Para sentir gratitud no hace falta tener motivos. Así como puedes imaginar o recordar una escena de tristeza y sentir dolor o derramar una lágrima, también puedes sentir gratitud todos los días, esto es algo que se practica y se entrena.

Para vivir agradecido o agradecida debes experimentarte física, espiritual y emocionalmente. Esta experiencia da paso a la aceptación y a la alegría que brota del corazón.

¿Acaso vives pensando en todo lo que puede salir mal? ¿Qué sentido tiene recurrir una y otra vez a estos pensamientos? Dejar de esperar que algo malo suceda es la puerta para el agradecimiento y la alegría. Cuando estés acostumbrado o acostumbrada a estar bien, a sentir alegría por nada y por todo te darás cuenta que empiezas a ir por el verdadero camino del alma.

A partir de la gratitud, damos paso a la alegría. Y a su vez, puedes usar la alegría para desenfocarte y dispersarte de tu vida o, como hace el alquimista, puedes usarla para alimentar tu viaje, continuar con tus proyectos, comer cuando haya que comer, caminar cuando haya que caminar y descansar cuando haya que descansar.

Por último, pregúntate ¿Para qué usas la alegría? Tanto si la usas para gozar como si la usas para distraerte, la decisión consciente está en tus manos, o mejor dicho en tu mente y todo comienza nuevamente cuando damos paso al silencio.

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Buena Vida,

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