Volver al sitio

¿Por qué deberías tener tu propia definición de “éxito”?

Unos de los primeros ejercicios que suelo hacer con las personas y equipos con los que trabajo tiene que ver con la definición consciente y el diseño paso a paso de la “semana ideal de tu vida”. Aparentemente el ejercicio es bastante sencillo. Se comienza por el día que sea de tu preferencia -exceptuando el lunes- y lo que debes hacer es redactar con el mayor grado de detalle posible -que sea sencillo no quiere decir que te lleve 5 minutos-, a qué hora te levantas cada día, qué hueles, qué ves al despertar, qué haces, qué sientes, con quienes compartes, cuál es tu actividad productiva, con quienes comes, dónde vives, y así podríamos seguir por un buen rato.

Al terminar de dar la consigna, hay dos expresiones faciales que se repiten muy a menudo. La de los menores de 35 años -según mi interpretación- parece ser de sorpresa o incluso alegría -me resulta parecida a la expresión de un niño cuando vislumbra un arenero y se dispone a entrar a jugar-. La otra es la de los mayores de 35 años, ésta expresión me suena mas a desazón, pesadez e incluso cierto grado de irritación. Según como lo veo, esa desazón e incluso irritación, es un síntoma claro de haber vivido bajo un paradigma o una idea de “éxito” que no ha cumplido con las expectativas de los mayores de 35.

Para nuestros padres, incluso puede que para nuestros abuelos, tener “una buena vida” o tener “éxito” -al menos por esta parte del mundo- era algo que se lograba luego de estudiar y terminar una carrera universitaria, conseguir “un buen trabajo” y, puede que en algunos casos incluso hasta tener una familia. Antes de juzgar u opinar sobre si esa idea o paradigma aún funciona o no, debemos reconocer que es válido que ese sea el modelo de éxito que haya reinado en la era de nuestros abuelos pero…¿De dónde viene esa idea?

Si nos remontamos unos siglos atrás, luego de la era del cazador-recolector, vino la era de la agricultura familiar. Nuestros ancestros pasaron de cazar todos los días para alimentarse, a trabajar la tierra. Si bien hubo un nuevo conjunto de habilidad y conocimientos que aprender, esto marcó un salto de productividad enorme. Además de no arriesgar la vida, se obtenían más alimentos con menos esfuerzo al sembrar, regar y limpiar las malas hierbas que saliendo a cazar.

Luego de la era de la agricultura vino la era industrial y de nuevo la misma historia. Según algunos expertos, la fábrica de la era industrial producía cincuenta veces más que la agricultura familiar y, con el tiempo, los agricultores se redujeron en un 90%. La construcción de fábricas y plantas industriales trajó consigo la especialización y cierta estabilidad. Hoy en día cerca del 3% de la población mundial se dedica a la agricultura -en un formato más industrial que familiar- y el aumento en la productividad es suficiente para producir los alimentos que consumimos el resto de los humanos.

Hace apenas unas décadas abandonamos la era industrial -en la que vivieron nuestros abuelos o incluso nuestros padres- para entrar en la era digital ó, como otros prefieren llamarla, la era del conocimiento y la información.

Las llamadas “crisis” económicas, los desplomes de los mercados bursátiles a nivel mundial, las tendencias de subcontratación, el aumento del desempleo -tal y como lo conocíamos en la era industrial-, el auge de mercados emergentes y el nuevo paradigma laboral, son sólo efectos de una gran causa que nos toca a todos, la globalización no es un fenómeno de paso, más bién vino a quedarse, al menos hasta que llegue la próxima era.

Para sortear los desafíos, progresar y alcanzar un desarrollo personal y profesional en la era que vivimos no solamente es necesario un nuevo conjunto de competencias, habilidades y conocimientos, sino también un nuevo esquema de pensamiento y, consigo, una redefinición de qué es tener “éxito”.

Como seres humanos que somos, no nos es posible conocer el mundo tal cual es. Nuestra biología sólo nos permite experimentar el mundo a través de nuestros sentidos que actúan como filtros entre lo que sea que haya allí afuera y nuestra mente.

Nuestra historia, la historias que nos contaron de pequeños, el contexto en el que nacimos, el país o la sociedad en la cuál nos criamos, las experiencias que nos marcaron emocionalmente y todo aquello que transitamos en la vida hasta llegar hasta acá, condiciona y da matices a los filtros con los cuales interpretamos el mundo exterior. Si aceptamos y nos abrimos a esta idea, podemos decir que pueden existir tantas interpretaciones del mundo como personas viviendo en este planeta sin necesidad de que ninguna sea la verdadera.

Sin ahondar demasiado, quedemonos con lo siguiente: sólo vemos el mundo a través de la interpretación que realiza nuestra mente sobre lo que nuestros sentidos perciben. Esta sola idea nos da paso a transitar un camino poderoso.

Podemos decir que tenemos la libertad de re-interpretar nuestra idea del mundo tal y como lo conocimos hasta ahora. Es decir, podemos construir un nuevo esquema de pensamiento y adoptar un paradigma que sea funcional y acorde a lo que realmente deseamos para nuestra vida.

No se trata de que el mundo sea necesariamente nuevo -aunque por los cambios de era así lo vayan marcando-, sino que nos permitamos mirarlo con otro filtro ó, si se quiere, con otros ojos.

No es lo que está afuera lo que hace que vivamos lo que vivimos, sino cómo interpretamos lo que allí sucede.

Más allá de que internet haya resuelto muchos de los problemas que tuvieron quienes vivieron en la era industrial -como recurrir a la fuentes del conocimiento, conectarse con las personas indicadas, o consultar a un experto sobre un tema en particular-, los millennials nos encontramos con un paradigma de “éxito” heredado propio de una época en dónde nuestros padres, tíos y abuelos parecen haber tenido suficiente con su día a día como para abrirse a la pregunta ¿Qué clase de vida quiero para mi?

Aunque la mayoría de las personas ni siquiera han decidido qué es lo más importante de su vida, éste artículo no quiere juzgar si el modelo de “éxito” propio de la era industrial es correcto o no, sólo tiene la intención de hacer consciente la importancia de que decidas qué es lo verdaderamente importante para ti, y darte la noticia de que puedes diseñar, de antemano, cuál es la vida que quieres vivir antes que otro la diseñe por ti.

¿Y si el modelo de éxito en esta era es diferente? ¿Y si no existe un único modelo de “éxito”?

Estamos en el momento de la historia dónde cuestionar el estilo de vida tal y como lo conocemos es cada vez más común. Y no sólo lo estamos haciendo tú y yo, lo están haciendo las empresas, organizaciones no gubernamentales, gobiernos y muchas otras instituciones- algunas más que otras, pero todos vamos hacia eso-.

Si no eres tú mismo el que diseñe el estilo de vida que deseas vivir, ¿Quién lo hará?

Si no definimos nuestro propio concepto de éxito, viviremos según el concepto que heredamos. No es que esto esté bien o mal, simplemente pregúntate si realmente te hace feliz. Y hay algo más, si tu no defines qué es “éxito” y que estilo de vida quieres vivir, muy probablemente el sistema -en el cual todos estamos inmersos- imponga condiciones.

Haciendo un breve comentario sobre los sistemas, existe una máxima que dice que todos los sistemas siempre tienden a imponer condiciones. Como vimos a través de nuestra historia, cada era fue produciendo una evolución en nuestra especie. Cada sistema fue evolucionando respecto al anterior, y aquellos que adquirían nuevas habilidades, conocimientos y herramientas, sobrevivirán al cambio de era adaptándose a lo nuevo.

Si no somos capaces de diseñar nuestro propio sistema de vida, no adquirimos nuevas habilidades, conocimientos ni adoptamos un nuevo esquema de pensamiento, indefectiblemente daremos por sentado que para tener ¨éxito” debemos acostumbrarnos a lo que el sistema occidental del trabajo nos propone:

  • Jornada laboral promedio de 8 horas diarias

  • Un par de horas atascados en el tráfico

  • Comer a las apuradas

  • Vivir corriendo de un lado a otro

  • Trabajar todo el año por apenas unos días de descanso

  • Que nuestras relaciones deben ser de tal o cual manera

  • Que el hecho de ser feliz y hacer lo que amas es una utopía

  • Hacer ejercicio o disfrutar la vida al aire libre sólo se practica estando de vacaciones o en días sábado o domingo.

Esta era nos trajo el gran regalo de abrirnos a la posibilidad de diseñar un estilo de vida a medida de cada uno de los que se atreven a esbozar una respuesta a la pregunta ¿Qué es el éxito para mí?

Te doy la bienvenida oficial a facundolozano.com. Si quieres recibir artículos de valor directamente en tu bandeja de entrada, puedes dejar tu dirección de correo aquí abajo y suscribirte totalmente gratis. También te invito a compartirlo con quienes piensas que este contenido les será útil para su propia vida.

Buena Vida,

Todos los artículos
×

Ya está casi listo...

Te enviamos un correo. ¡Por favor haz clic en el enlace del correo para confirmar tu suscripción!

Aceptar