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La era del conocimiento requiere un nuevo despertar (parte 2)

 

Antes de seguir adelante con la lectura de éste artículo te invito a que pases por La era del conocimiento requiere un nuevo despertar (parte 1).

Ahora sí, habiendo hecho un breve repaso de la historia del mundo occidental de los últimos mil años, tomaré una pregunta a la que me gustaría dar respuesta en este ensayo: ¿Somos tan libres como pensamos?

En los inicios de una era en la cual la libertad absoluta y el pensamiento libre de condicionamientos está en alza, hemos de decodificar nuestro propio sistema de creencias como quién hace un chequeo de cada ladrillo con la que ha sido construida su estructura de pensamiento incluso desde antes de su nacimiento hasta el día de la fecha.

¿Qué es una creencia? Una idea sobre algún tópico en particular más la sensación de certeza de que esa idea es cierta, correcta y ya no la pones en duda.

Sea cual sea la edad que tengas, este no es un trabajo que conozca de edades, ni de títulos académicos, ni de cargos profesionales. Sino que parte de que cada uno de nosotros merece vivir una vida feliz, libre, con sentido y sin condicionamientos ni mandatos -que no hayan sido previamente aceptados por ti de manera consciente-.

La velocidad a la que suceden las cosas, las llamadas “crisis” económicas, el avance tecnológico, el desconcierto reinante y el aumento de las catástrofes ambientales y sociales sólo son un espejo del desorden en nuestro interior.

Es menester abrazar creencias, paradigmas e ideas que nos permitan avanzar en la evolución de nuestra consciencia, no sólo por nuestro propio bienestar, sino por la transformación que nuestro hogar -el planeta tierra- se merece.

Aceptar que, como seres humanos, todos tenemos cuatro dimensiones y no tres como nos contaron en la formación industrial recibida en las escuelas tradicionales, es un comienzo.

Nuestra condición humana se compone de cuatro dimensiones: mental, emocional, espiritual y física. Claro, la mayoría de nosotros venimos como resultado de un sistema educativo que aún rige en la actualidad y que tiene el foco puesto en la dimensión mental del ser humano; pues fue creado para ser útil a un mundo occidental en plena era industrial.

Según estudios e investigaciones realizados acerca del despertar y la evolución de la consciencia, se pone en evidencia que hay tantos caminos de evolución como personas pisamos éste suelo.

En general, se han observado dos vehículos para acelerar el despertar: el dolor y el amor.

  • Cuando hablamos de dolor nos referimos a los hechos que producen, biológicamente dolor tanto en nuestro físico o en nuestro espíritu. Es el caso de golpes, enfermedades, muertes de un ser querido, rupturas de parejas, despido de un empleo, bancarrota, etc. El dolor tiene una función en nuestra vida, no ha sido "inventado" en vano, es trabajo personal y de cada uno encontrar la función que tiene en nuestra vida. Es importante dejar en claro que, como se desarrollará más adelante dolor no es lo mismo que sufrimiento.

  • Al hablar de amor no hablamos de un sentimiento. Mucho menos de “estar enamorado”. Los griegos distinguían cuatro tipos de amor: amor filial (el que puedes ser entendido como hermandad y solidaridad), amor erótico (la pasión que vives y que puedes construir con tu pareja), ágape (un amor reflexivo e incondicional que conduce a dar y ofrecer infinitamente), storgé (relacionado con la lealtad, el comprometido cuidado de un otro). En este caso hablamos de amor en forma de admiración hacia la manera que otra persona tiene de percibir, vivir, sentir y hacer con su propia vida. Si lo bajamos a un ejemplo concreto, podríamos mencionar el siguiente: admirar tanto a Messi por cómo juega al fútbol que nos sirva de inspiración y motivación para entrenar, dedicarnos y potenciar nuestras habilidades deportivas para jugar como él.

El despertar de la consciencia poco tiene que ver con ser un tema de cuanta información conocemos o cuantos conocimientos podemos acumular. Tampoco con lo que somos capaces de lograr o alcanzar con nuestras acciones. Sino que se relaciona con nuestra experiencia personalísima del suceso, sea cual sea éste mismo.

Por tanto, lo que nos pasa no es lo importante, sino que hacemos con lo que nos pasa. No son los hechos los encargados de nuestra evolución sino nuestra particular interpretación de los hechos, que a su vez se interpretan a través de nuestro sistema de creencias, paradigmas y valores.

Si actualmente te encuentras en una situación de dolor, tómala y úsala para despertar. Si notas que es una situación que tiende a repetirse constantemente, más sentido tiene aún para que despiertes y aprendas lo que esa situación quiere enseñarte.

Más allá de pensar cuán “fácil” o “difícil” pueda resultar esto, lo importante es que es posible, y por tanto, tiene sentido llevar una vida con propósito.

Si bien los estoicos elaboraron el principio de que “la vida es un plan pedagógico a medida de cada uno”, el poder mirarla con esos ojos depende de cada uno y aplica a la propia vida, no a la del vecino.

El nuevo orden social al cual la era de la conectividad está dando paso, merece la apertura y la aceptación que el “establishment” social -orden social, e institucional- se han transformado por completo. Lo hemos transformado por completo.

Mientras más temprano podamos ser conscientes y darnos cuenta que lo que fue no va a volver a ser, y que el aprendizaje contínuo y la flexibilidad son habilidades fundamentales para fluir en este nuevo paradigma, menos tiempo hemos de invertir en la queja, la justificación y la crítica.

De esta manera, es hora soltemos las “herramientas” con las cuales veníamos construyendo el mundo del mil novecientos, para tomar las habilidades y actitudes que los dos mil nos invitan a tomar.

Para ser consciente de cómo nuestro entorno influye en nuestros paradigmas, sistemas de creencias y comportamientos te invito a leer Cambia tu entorno = Cambia tu vida.

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Buena Vida,

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