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Ideas para ser felices en la era digital: Niveles de consciencia (parte 1)

Resulta paradójico que un 24 de diciembre, en vísperas de una nueva Noche Buena, éste sea el tema que nos congregue. A decir verdad, los avances tecnológicos han impreso una velocidad de cambio en el ritmo de vida actual sin precedentes en la historia de la humanidad.

Esto ha repercutido en nuestras relaciones, nuestra salud, nuestros empleos, nuestros proyectos, la educación, nuestro manejo del dinero, el deporte que practicamos, la manera en la que nos relacionamos con nosotros mismos, etc.

En coherencia con un día cómo hoy, llega una idea en torno a la cual ha de girar este artículo: las personas felices no tienen menos problemas que las personas que no son felices. O dicho de otra forma, ser feliz no depende de la cantidad de problemas que tengas en tu vida.

Para comenzar podemos preguntarnos ¿Qué son los niveles de consciencia y qué tienen que ver con la felicidad?

Cuando hablamos de consciencia, hablamos de la particular manera en la que una persona interpreta, habla, piensa, siente, y hace de su vida.

En este caso no hacemos alusión a lo que en medicina conocemos como estado “conciente” o “inconciente” de la mente, pues desde ese punto de vista si estás leyendo esto es porque estás conciente.

Tal como describimos en el artículo la era del conocimiento requiere un nuevo despertar, el nivel de consciencia de un ser humano habla de la manera en la que integra el mundo exterior con su mundo interior. Si quieres conocer porqué en esta era requerimos un nuevo paradigma para concebir el reset mundial que estamos viviendo te recomiendo ir al artículo.

Siguiendo con lo que hoy nos convoca, el nivel de consciencia tiene que ver con cómo una persona concibe y se relaciona con el entorno, las personas que la rodean y sus propias emociones, ideas, valores, principios y creencias básicas.

Dependiendo el autor, pueden cambiar de nombres e incluso la cantidad de los niveles de consciencia de una persona. En esta oportunidad vamos a distinguir tres niveles de consciencia y nombrarlos de manera de hacer sencilla su comprensión:

  • Nivel de consciencia I, ó nivel de consciencia de la víctima

  • Nivel de consciencia II, ó nivel de consciencia del protagonista

  • Nivel de consciencia III, ó nivel de consciencia del co-editor del guión

Lo que resta de éste artículo nos explayaremos en lo relativo al primero de ellos, el nivel de consciencia de la víctima. Los niveles II y III quedarán para la entrega de el próximo jueves para continuar con la frecuencia de publicaciones con la que vengo trabajando.

Nivel de consciencia de la víctima

En algún momento de nuestra vida -incluso puede que sea hoy por hoy- muchos de nosotros hemos valorado, por encima de todo, tener más, lograr aquello que tanto anhelábamos e incluso ganar cada vez más.En éste nivel de consciencia la vida se rige sólo por lo material. No importa quien pierda siempre que yo gane. No importa cuanto cueste siempre que yo lo logre. No importa el “¿Cómo?”, el proceso ni la forma en la que logro mis metas.

Es muy común pensar que todos queremos lo mismo y estamos movidos por las mismas intenciones. Es fundamental ir rápido y hacer todo lo que podamos cuanto antes.

Lo único verdaderamente importante y trascendental es el resultado. Añoramos un destino tan maravilloso que sólo unos pocos pueden gozar, entonces ganará quien llegue primero, no quien disfrute su camino, y si alguien ha llegado entonces hay un lugar disponible menos para mí.

Creemos que el mundo es escaso y que hay mucho pero sólo para unos pocos entonces tiene sentido que andemos por ahí super apurados.

La vida es una selva y el más grande gana, se impone y hace su juego. Nos encontramos en una suerte de hipnosis colectiva en la que pensamos que ser felices es no tener problemas.

Este pensamiento impulsa, entre otros comportamientos humanos, un desmedido gasto económico en todo aquello material e inmaterial que permita o facilite la salida, el escape o la distracción de cualquier tipo de situación a resolver (lo cual le ha dado riendas sueltas a la economía del entretenimiento).

Nos encontramos constantemente ocupados, estresados, damos por sentado que alguna que otra dolencia física es común y somatizamos todo lo que podamos somatizar sobre todo si estamos cerca a fechas de entregas en el ámbito profesional o académico.

Tenemos la idea que “la vida es aquello que me sucede”, que “el mundo me hace esto o aquello” y que “todo está fuera de control”. Siguiendo con esta línea nos preocupamos -es decir, angustiamos- porque no podemos controlar todo lo que quisiéramos controlar.

Solemos basar nuestras relaciones en algún tipo de interés personal, familiar, profesional o social. Nos ilusionamos no sólo con controlar nuestras acciones, sino incluso lo que los demás sienten o piensan cuando nosotros hacemos algo.

Se vive más y más rápido. Ser exitoso tiene que ver con estar en el primer lugar de una carrera que nadie sabe muy bien hacia dónde nos lleva. Solemos escuchar quejas, comparaciones, justificaciones y excusas por todo y por nada.

Se toman decisiones desde el miedo a que suceda lo peor. Suele tenerse el “sí” muy fácil y cuesta mucho decir “no”.

En momentos de parar la pelota incluso solemos preguntarnos ¿Tiene sentido todo lo que hago? O…. ¿Cómo salgo de esto?

Si bien esto de los niveles de consciencia es algo dinámico y en algún momento de nuestro día podemos estar en modo víctima, se puede despertar re-interpretando lo que te sucede.

Para despertar, puedes tomar la decisión de cambiar y elegir admirar tanto o amar tanto la transformación de un otro que nos inspire a cambiar. O bien, puede que un hecho externo aparentemente grave, como una grave enfermedad (no elegida de manera consciente) o una gran pérdida, sean puertas para comenzar a evolucionar.

Para ser más claro diría que tenemos en nuestras manos la decisión de tomar dos de los caminos posibles para evolucionar:

1. Por amor: reconociendo, aceptando, e integrando experiencias y dolores pasados,
2. Por dolor: hasta que sea tan fuerte que pueda romper con la idea que de lo externo a tí es lo que debe cambiar.

Sea cuál sea el camino que recorras, aprender, elegir cambiar, abrirte al aprendizaje e integrar tu vida es una decisión que sólo depende de ti. Es una puerta que tiene picaporte sólo del lado de adentro y desde afuera sólo se puede llamar insistentemente pero no se puede ingresar.

Este artículo continuará en Ideas para ser felices en la era digital: Niveles de conciencia (parte 2) pero antes me gustaría saber, ¿Te ha sido de utilidad?

Para poder ayudarte mejor puedes dejar tu comentario debajo de éste post o bien escribirme a hola@facundolozano.com.

Antes de despedirme quiero desearte una Feliz Navidad, una hermosa Noche Buena y que estás palabras puedan serte útiles para tu mejor vivir. Querido lector o querida lectora, te quiero, gracias por llegar hasta acá.

Buena Vida,

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