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El poder de saber preguntar

Tal vez sientas que, en esto de aprender a preguntar, nadie se haya sentado a tu lado y te haya enseñado cómo, para qué y cuándo conviene preguntar. Si tuviste la fortuna de tener un abuelo o abuela que humildemente puso a tu servicio la experiencia de toda una vida permíteme decirte que tuviste una gran oportunidad que no muchos hemos tenido.

¿Por qué digo esto de los abuelos? Así como algo grande sólo puede ser la suma de diversos aprendizajes pequeños (una construcción paso a paso de errores, aciertos y frecuente reflexión) saber preguntar es de esas habilidades que además de requerir tiempo de práctica, abren o cierran puertas en nuestro día a día personal, relacional y profesional.

Si quieres saber un poco más sobre cómo es recomendable utilizar las preguntas “¿Por qué?” y “¿Para qué?” te sugiero ir al artículo titulado: El poder de NO preguntarse “¿Por qué?”.

Luego de unos años trabajando el tema con personas, grupos y organizaciones, noté que no hay abundante bibliografía sobre el arte de preguntar y, si bien no hay recetas infalibles ni pautas a prueba de balas, decidí escribir algunos principios generales que me hubieran sido útil conocer antes de dar mis primeros pasos en la vida adulta, académica o profesional.

La mayoría los aprendizajes que comparto en esta entrega, si bien tienen una base y un marco teórico que es útil conocer e interiorizar, son extraídos de la práctica constante y deliberada.

De hecho, estas pautas o principios son los que utilizo y pongo a prueba todo el tiempo. No son consejos de ningún teórico experto y tampoco son reglas inmutables. No pienso que deban aceptarse porque sí. Deben ser 100% cuestionados, adaptados y estar al servicio de tu situación particular en lo personal, social y profesional (no tu al servicio de estos principios).

"Así como a caminar se aprende caminando y a nadar se aprende nadando,

aprender a preguntar se aprende preguntando"

Aprender a preguntar es un proceso. Si te gustaría saber más sobre cómo es este proceso de aprendizaje te dejo el siguiente artículo para profundizar en cómo aprender más rápida y fácilmente: ¿Quieres cambiar algo en tu vida? Este es el paso 1.

Principios generales

  • Las preguntas no son fuertes en sí mismas, cobran fuerza a partir de que son interpretadas por alguien. Es decir depende quién las escucha. Dicen que para escuchar algo y tomar consciencia de ello por primera vez debemos al menos haberlo odio eso mismo un par de veces antes. Lo que se recibe (en este caso la pregunta) es como el agua, toma la forma del contenedor que la recibe.
     
  • El orden, el tono y lo que acompaña a las preguntas si altera el resultado. Lo que sugieres con la pregunta es captado por la otra persona. Nuestra mente deja escapar muchas señales que nuestra corporalidad y emocionalidad si perciben. No busco que comprendas esto a nivel lógico-racional, no hay nada que explicar. Se trata más bien de una vivencia que se confirma o niega en la experiencia pura de la práctica. Por decirlo fácil, presta atención a cómo preguntas lo que preguntas.
     
  • Existen preguntas abiertas y cerradas. No se usan de igual manera, cada una es útil o puede interferir en una determinada situación o conversación. Las abiertas buscan ser una puerta para la exploración y generalmente nos disponen a bucear o elaborar una respuesta. Las cerradas suelen ser confirmatorias y más útiles en los momentos de decisión previos a la acción.
     
  • Si haces mayor cantidad de preguntas aumentas tus probabilidades de hacer una buena pregunta. Si bien no es necesario tener una mente predilecta para darse cuenta de esto, es necesario perder el miedo a preguntar. Es bueno tomarlo como un ejercicio diario de humildad ontológica y personal.
     
  • Las preguntas no perecen, las respuestas si. La vida útil de algunas preguntas fundamentales han sobrevivido a los tiempos de filosofía en la antigua Grecia para llegar a la actualidad. No te tomes tan en serio tus respuestas, permítete editarlas.
     
  • Para esperar la respuesta a una pregunta debes amigarte con el silencio que sigue a tu pregunta. Muchas veces nuestra ansiedad "atropella" la elaboración de una respuesta profunda, sentida y original.
     
  • Saber preguntar nos da poder. Si entendemos el poder como capacidad de acción, podemos decir que mayor poder tomamos (sobre nosotros mismos y nuestros resultados) cuando tomamos más acciones alineadas con nuestro propósito. Para hacer doble clic sobre tu propósito personal te sugiero ir a ¿Qué es y cómo encontrar tu propósito personal?
     
  • Dime que te preguntas y te diré dónde estarás en unos años. Las preguntas que circulan constantemente en nuestra mente no sólo sirven para describir cómo pensamos y procesamos la realidad, sino que son muy buenas pronosticadoras de nuestro futuro.

Cuando iniciamos cualquier cambio práctico en nuestra vida existen tres preguntas que, ordenadas de la manera inteligente, resultan ser muy útiles. En una situación normal, una vez que más o menos sabemos qué queremos (que dicho sea de paso definir qué queremos no suele ser tan fácil como imaginamos), solemos escuchar la pregunta (ya sea de nuestra mente o de nuestro entorno)¿Y cómo...?”.

Usar el "cómo" en este momento puede ser peligroso. Cuando nos preguntamos "cómo" lograr algo que apenas hemos definido de manera aproximada estamos literalmente castrando nuestras probabilidades de lograr lo que queremos. Antes de preguntarse cómo hacer algo debemos tener en claro "para qué" queremos lo que queremos.

El "cómo" nos habla del camino, del paso a paso o de las acciones que vamos a ejecutar. Pero antes de pensar en esto no hay nada más pragmático que pensemos (y pidamos asistencia a otros para que nos ayuden a pensar) "para qué" queremos lo que queremos. Si sientes que no sabes para qué quieres lo que quieres entonces vuelve a la primer pregunta y re-define, las veces que sean necesarias, eso que quieres.

Cuando tengas una decisión que tomar o estés frente a una situación que resolver prueba el siguiente orden de preguntas:

  • ¿Qué quiero?
  • ¿Para qué lo quiero?
  • ¿Cuál es el paso que hoy puedo dar en dirección a lo que quiero?

Incluso los cambios más profundos pueden abordarse con calma. En la definición intrínseca de cambio no existe una rapidez “correcta”. Cambio es cambio, no es correr, no es acelerar, no es frustración ni tampoco ajetreo.

Cambiar calmadamente se puede. Pero para hacer carne esto en tu vida en necesario que hagas algunos acuerdos internos y te des la posibilidad de que se pueda. Para continuar la lectura te recomiendo ir a 8 acuerdos para ver oportunidades donde antes no las veías.

Por último, me gustaría preguntarte ¿Te fue útil este artículo? Si así fue comenta acá abajo de qué te sirvió, con gusto conversaremos sobre eso.

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