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El poder de NO preguntarse "¿Por qué?"

“La calidad y el bienestar de nuestra vida depende de la calidad

de las preguntas que nos hacemos a nosotros mismos”

Encontrar tu vocación y vivir de lo que amas no es algo que sólo pueden hacer los “afortunados”, “privilegiados” o “destinados”. Vivir una vida con propósito es para personas comunes que se animan a ir un poquito más allá. Los seres humanos de carne y hueso que lograron vivir de lo que aman, en general, han logrado primero, amar de lo que viven.

Aunque la diferencia puede ser sutil, para amar de lo que vives es necesario un cambio radical de actitud interior. En pos de dicho cambio, descubrir tu propósito personal hace toda la diferencia. Si quieres leer más sobre esto te sugiero vayas a ¿Qué es y cómo encontrar mi propósito personal? y también a ¿Cómo encauzar tu pasión y vivir de ello?

Si eres de los que creen que la calidad y el bienestar que logramos en nuestra vida depende de la calidad de las preguntas que nos hacemos a nosotros mismos, puedes que te preguntes algo como... ¿Y cómo se hacen buenas preguntas? o ¿Por dónde empiezo?

El artículo de hoy va de eso, de cómo aprender a hacer y hacernos mejores preguntas. Si bien hay muchas preguntas que pueden interpelar nuestro presente y ayudarnos a llevar nuestra vida al siguiente nivel, hoy quiero detenerme en dos preguntas fundamentales: el “¿Por qué?” y el “¿Para qué?”.

Preguntarnos “¿Por qué?” no es lo mismo que preguntarnos “¿Para qué?”. Cuando nos preguntamos “¿Por qué?” nuestro cerebro realiza un trabajo cognitivo enfocado en encontrar las historias, los justificativos lógicos y las explicaciones racionales para un hecho, suceso o emoción determinada. Esto nos remite al pasado, a lo que no podemos cambiar.

Muchas veces la pregunta “¿Por qué?” presupone que al encontrar una lógica explicación o justificación seremos capaces de actuar de forma que nos permita mejorar nuestros resultados y superar, por ejemplo, un obstáculo. Por más lógico y racional que esto suene, en la práctica sucede que nos tiramos horas, días, semanas, meses y hasta años preguntándonos “¿Por qué?” sin elucubrar una respuesta satisfactoria.

La pregunta “¿Por qué?” nos lleva a construir una historia. Por más que nos cueste creerlo, nuestro cerebro se queda tranquilo una vez que hemos sido capaces de encontrar una explicación lógica/racional sobre lo que sucede o deja de suceder, no le interesa que la justificación sea verdadera. Dicho de otro modo, al preguntarte “¿Por qué?” activas en tu cerebro la búsqueda y construcción de una historia que tenga sentido, no necesariamente que sea cierta.

Si bien a nuestro ego le encanta encontrar todas las respuestas racionales que pueda, hoy por hoy sabemos que no somos seres racionales que tenemos emociones, sino que somos seres completamente emocionales que tomamos decisiones y usamos nuestra razón para justificar nuestras decisiones y sentirnos inteligentes (o idiotas) por haberlas tomando.

Hay ocasiones particulares en las que resulta muy útil revisar el pasado y hacernos la pregunta “¿Por qué?”, sobre todo si queremos conocer la causa o las causas que han ocasionado cierto resultado. Si quieres leer más sobre esto recomiendo ir a Si no estás feliz con los resultados que logras este ejercicio te servirá.

Cuando lo que buscas es explorar nuevas oportunidades el “¿Para qué?” hace su entrada triunfal. Cuando nos preguntamos “¿Para qué?” nuestro cerebro actúa de una manera muy distinta. Ni bien generas una imagen de un posible futuro, tu cerebro comienza a buscar la forma de hacer posible esas imágenes. Esto nos enfoca desde nuestro presente hacia nuestro futuro, no hacia el pasado.

Cuando nos enfocamos en diseñar nuestro futuro es imprescindible (y hasta me animaría a decir que totalmente necesario) que soltemos el ferviente deseo de encontrar la justificación perfecta, lógica y verdadera para los acontecimientos pasados.

La pregunta “¿Para qué?” nos impulsa a imaginar, a crear, a explorar y experimentar algo nuevo que puede no tener relación directa con nuestro pasado. Entonces vale hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué estoy necesitando ahora? ¿Diseñar mi futuro o encontrar una justificación a mi pasado? Veamos un caso concreto y real.

El humor y la risa son considerados dos de los pasatiempos más necesarios en la vida de las personas. Incluso desde la época de los bufones en la edad media es algo que nos reúne y ayuda a disfrutar, reír o distraernos de nuestro día a día. Pero… ¿Qué pasa si a alguien se le ocurre usar el humor para mejorar la vida de pacientes internados?

Un ejemplo contemporáneo y elocuente de haber sabido hacerse mejores preguntas en la vida es el caso de Patch Adams. Patch es reconocido mundialmente como el creador de la risoterapia. Fue el primero en ejercer de “payamédico”, y durante toda su vida se dedicó a revolucionar la salud trabajando en hospitales, centros de atención pública y consultorios creando algo no conocido hasta entonces.

Patch encontró “innovación” en la intersección de dos cosas comunes: el humor y las personas que sufrían una enfermedad. A veces queremos hacer la heroica y pensamos que sólo encontraremos nuestro propósito personal si hacemos algo extraordinario. Hacernos mejores preguntas nos ayuda a encauzar nuestra acciones en pos de utilizar todo lo que conocemos para resolver problemas diferentes.

La humanidad está despertando hacia un nuevo periodo de consciencia transición. Poco a poco comenzamos a ser más conscientes de nosotros, nuestros pensamientos, nuestras preguntas y nuestras acciones. Si quieres leer más sobre esto te sugiero ir a Ideas para ser felices en la era digital.

No es necesario inventar nuevas preguntas o desarrollar nuevas técnicas que salven el planeta. Entrenarse en el arte de hacernos buenas preguntas es innovar en la propia vida. Consiste en cambiar la manera en la que nos hacemos las preguntas de todos los días, poniéndonos al servicio y tomando la misión de resolver problemas concretos.

Como dijo Matías Rivera en la entrevista que compartimos: "No busques tener buenas ideas, antes tener maravillosas ideas procura encontrar buenos problemas".

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Buena Vida,

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