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El ingrediente infaltable en la sopa del éxito personal

Una palabra imponente: Éxito.

Debemos reconocer que el significado de éxito se ha ido transformando en el último tiempo. Es más, hoy hay tantos significados para ella como personas pisando este planeta. Por eso, definimos “éxito personal” a alcanzar lo que sea que cada uno de nosotros quiera lograr en su propia vida. Lejos de juzgar si nuestro “éxito” es correcto o éticamente aceptable, mi interés es que analicemos qué factores tienen en común las personas, empresas y equipos que han logrado y logran lo que se proponen. Les invito, por el espacio de este artículo, a que me acompañen adoptando el tan nombrado éxito como el obtenimiento de aquello que cada persona se propone.

¿Por qué algunos logran lo que se proponen y otros no?, es decir, ¿Por qué algunos tienen éxito y otros no? Existen muchas hipótesis o teorías sobre los secretos del éxito, pero la idea del mismo es tan personal que, la mayoría de las veces, estas teorías suelen no cumplirse en la práctica.

En 2009, Simon Sinek decodificó un patrón común en las personas, equipos y empresas que logran lo que se proponen. En su discurso sobre lo que él llamó “The Golden Circle”, expone que todas estas personas, equipos y empresas alrededor del mundo conocen bien “qué” hacen. El “qué”, se encuentra en el nivel externo del círculo y responde directamente a la acción. En el nivel intermedio del círculo se encuentra el “cómo”. Este interrogante se refiere al modo o método con el que cada persona, equipo u organización hace lo que hace. Pero, lo que pocos ven, entienden y ponen en práctica, es lo que se encuentra en nivel interno del círculo: el “por qué” o “para qué”. Este “por qué” o “para que” no hace referencia a un efecto o un resultado -dinero, buenas calificaciones, ascensos, campeonatos, etc- sino a una causa, a un propósito, a una razón de ser de uno mismo, de un equipo o de una empresa.

Miremos por un momento la naturaleza. Desde la trompa de un elefante hasta el ala de una mariposa o el vuelo de una abeja tiene un sentido y una razón de ser. Si seguimos mirando a través de las mismas lentes, podríamos afirmar que todo el universo tiene un sentido, un propósito y una razón de ser. Hay un propósito esencial a cada objeto y sujeto en este mundo. Al decir esto, la primer pregunta que se me viene a la mente es ¿Cuál es mi propósito personal? Se me figura que descubrirlo podría ser la llave a mi camino de plenitud, autorrealización o “éxito personal”.

Durante el día tenemos innumerables situaciones, seamos conscientes o no, en las cuales tomamos decisiones. Pensá un momento en cada mañana; de pronto suena el despertador y la primera oportunidad del día está tocando a la puerta, ¿me levanto? O... ¿estaría mejor si duermo un rato más? Y ahí está solo la primera, el comienzo. Elegir qué desayunar, qué ropa ponerse o qué camino tomar para ir a la facultad o al trabajo implica una decisión, por ende una negociación entre mis propios intereses y fricciones internas. Esto sucede todos los días y prácticamente a toda hora. Pero… ¿nos preguntamos en base a qué tomamos las decisiones que tomamos? Si conociéramos éste propósito personal, ¿tomaríamos decisiones diferentes? O al menos ¿nuestras negociaciones tendrían un ingrediente distinto?

El propósito personal o propósito de equipo, a diferencia de la misión o la visión, hace explícito “quienes somos” y “para qué estamos en este momento en este lugar”. Este concepto invita a descubrir todos nuestros dones, talentos y aficiones de manera que conjugándolos con las necesidades del entorno social, económico, político o humano, encontremos la manera de disponernos al servicio como un todo. Nos convoca a encontrar nuestra forma particular de ser útiles al mundo sin sentir nuestro aporte como una carga sino como un camino hacia la liberación de toda nuestra energía vital.

El descubrimiento del propósito personal pone en claro tus valores, te inspira y motiva, te mantiene enfocado, te da razones para decidir según lo que tu defines como “éxito personal”, te permite evaluar y medir tus logros, te impulsa a generar objetivos claros en la vida y, por experiencia propia, puedo decir que te ayuda y orienta hacia tu camino a la plenitud y autorrealización.

Si pensáramos el camino a la plenitud o realización personal como una escalera, el primer peldaño sería “crisis”. Esa crisis nos plantea “¿por dónde empiezo?”, “¿cómo lo hago?”. Podría decir que el “¿cómo?” no es tan importante al principio, lo que sí considero fundamental y decisivo es, abrir esa puerta que solo se abre desde adentro y disponernos para transitar este camino y vivir nuestro propio proceso. La llegada de dicha crisis nos exhorta a una introspección sincera y profunda para encontrarnos con nuestro propio camino autorrealización.

A esta altura dudo que haya fórmulas infalibles de llegar al “éxito”. Lo que sí tengo claro es que no hay logros sin camino recorrido; que, hacernos responsables de nuestras vidas, asumir la capitanía del barco y sumergirnos en nosotros mismos para descubrir y diseñar nuestro camino al “éxito” es, para mí, lo que hace la diferencia entre los que logran lo que se proponen y los que quedan en el camino.

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Buen camino,

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