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Desarrollo personal, ¿Realmente es tan útil tener un plan?

Heráclito de Éfeso, reconocido filósofo presocrático y autor de la célebre cita “nadie puede bañarse dos veces en el mismo río”, consideraba que la vida es cambio, es transformación y dinamismo.

Adoptamos esta idea dado que no sólo las partículas de agua no son las mismas que bañan un cuerpo al salir y volver a entrar del río, sino que el mismo cauce sufre modificaciones por erosión.

Hoy somos testigos que la velocidad de los cambios han ido aumentando y, lejos de ser algo pasajero o provisorio, vivimos en una era en la que los cambios son y serán cada de vez más rápidos. Ante este escenario tenemos dos opciones en lo relativo a nuestra adaptación, o aprendemos por amor o aprendemos por dolor.

A pesar de no haber vivido en la era digital del conocimiento, Heráclito de Éfeso nos ayuda a considerar que si nos abrimos al cambio y elegimos por propia voluntad abrazar la transformación, podremos hacer más disfrutable nuestra vida.

De hecho, como nuestro cerebro trabaja de manera de aumentar lo que nos da placer y reducir lo que nos causa dolor, podemos “hackear” nuestro cerebro al diseñar un estilo de vida el cual nos permita gozarnos verdaderamente nuestro paso por este mundo. Si quieres leer más sobre cómo hackear tu cerebro puedes ir a ¿Cómo mantener actualizada tu definición personal de éxito?

Siguiendo con la analogía del río, podemos decir no tenemos control sobre el viento o sobre el agua. Si entrásemos al río con un velero por ejemplo, sólo tenemos control sobre las velas y lo que hacemos con ellas.

Muchas veces nos empeñamos en que las cosas (el entorno) sean como creemos que deberían ser en vez de aceptarlas tal y como son y, a partir de aceptar (que no es lo mismo que resignar), mover las velas para orientar la dirección de nuestra vida. Si quieres leer más sobre esto recomiendo ir a El poder de NO preguntarse "¿Por qué?".

Orientar el velero de nuestra vida es análogo a conquistar nuestros miedos y reorientar nuestra vida personal, social y profesional.

NOTA: Así como el miedo no se conquista una sola vez sino que se conquista cada vez que se presenta en tu vida, reorientar tu vida personal, social y profesional es algo que debemos hacer cada vez que sintamos que no vamos por dónde queremos y, eventualmente, con cada experiencia o acontecimiento “cumbre” (de esos que nos mueven la estantería en serio).

Aquí es dónde la pregunta sobre la utilidad de los planes de vida es cuestionado, ¿Realmente son tan útiles como pensamos?

Algunos autores de desarrollo personal y profesional sostienen que, considerando los tiempos que corren y que van a correr, no hay cosa mas inútil que tener planificado que sucederá dentro de uno, dos e incluso tres años.

En la vida profesional y hasta no hace mucho tiempo, para llevar adelante un proyecto emprendedor recurríamos a las conocidas “investigaciones de mercado” y a los “planes de negocios” en los cuáles nos tomábamos tiempo de generar una proyección paso a paso de lo que sería el proyecto en dos, tres y hasta cinco años. Incluso hay universidades que hasta el día de hoy enseñan esto a sus estudiantes.

En la vida personal también se realizaba algo parecido, de allí el consejo de “consigue un buen trabajo que dure toda la vida”. A partir del crecimiento de Internet y sobre todo luego del 2008, los mercados, las empresas y los empleos han sufrido una transformación mayor a la de los últimos 50 años. Lejos de ser una “crisis”, estos cambios marcan una tendencia de hacia dónde estamos yendo como sociedad mundial.

Entonces, ¿Cómo diseñamos nuestro futuro ante tanta incertidumbre? ¿Qué debemos hacer para adaptarnos?

Algunas pautas que pueden ayudarnos a surfear el tsunami y no hundirnos comienzan por aceptar que tener un plan detallado paso a paso en el largo plazo es una mentira (o, si quieres matizarlo un poco, es una ilusión de seguridad). Si quieres profundizar puedes ir a Ideas para ser felices en la era digital: Niveles de consciencia.

En esta era vale más tener un sueño, un horizonte o una visión a largo plazo (supongamos unos 5 o 10 años) que oriente nuestras acciones del presente de modo que transitemos, de manera aproximada y para nada precisa, un camino hacia nuestra visión.

Si retomamos la analogía del río, sería lo mismo que diseñar cuál es la costa a la que queremos arribar (dónde aproximadamente nos gustaría llegar), y enfocarnos en mover las velas (lo que sí podemos controlar).

Lo que muchos expertos hacen es tener un lienzo o plantilla de Life-Management (gestión de vida) en la que se enfocan en objetivos, acciones y hábitos concretos sólo para los próximos 90 días de sus vidas. Hacemos la salvedad que si bien los objetivos y las acciones pueden ir cambiando, los hábitos que incorpores (que hagas carne) son la más sólida base que forjará tu futuro.

De esta manera se puede separar el año en cuatro trimestres y darle toda tu atención, tiempo e interés al trimestre de tu vida en el que te encuentres sin querer tener control y aceptando que no tienes idea de que personas, cosas y situaciones sucederán más allá de los próximos 90 días.

Para dejar de querer controlar lo que no controlamos (como el viento o el agua) y enfocarnos en lo que si controlamos (las velas) debemos tener en claro tres puntos:

  1. Tener una visión a 5 o 10 años
  2. Gestionar nuestras acciones en los próximos 90 días
  3. Cultivar nuestra autoestima e incrementar la confianza en nosotros mismos

Si bien hoy no profundizaremos sobre la confianza y la autoestima, si quisiera dejar en claro que cultivar la confianza es una cuestión de coherencia entre actos y palabras. La confianza se crea, tanto para con vos como para con otros, manteniendo tus palabras, respetando tus compromisos y encarnando tus valores.

Por otro lado, la autoestima basada en logros no es genuina, un día los logros podrían no ser tales y entonces qué, ¿toda la autoestima se viene abajo? La autoestima genuina es la que se basa en el proceso, en lo pasos que seguimos, en lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos para transitar la vida yendo hacia el logro que vayamos.

Pasar la vida queriendo vivir momentos extraordinarios hace que los ordinarios no tengan tan buena prensa. No prestar atención a los momentos ordinarios (como son los próximos 90 días de tu vida) es no vivir, es dejar que el tiempo pase y tu taparte los ojos, o los odios o la boca y simplemente no llamar vida a lo de todos los días.

Quien se cuida del proceso también se está cuidando de lograr lo que tanto sueña. Si te gustaría conocer un poco más sobre cómo podría acompañarte en tu proceso personal o quieres que te envío el lienzo o plantilla que yo mismo uso para gestionar mis próximos 90 días, puedes dejar un comentario acá abajo o escribirme personalmente.

Espero hayas disfrutado este artículo y te sea tan útil como a mi. Recuerda que puedes recibir (totalmente gratis) artículos como estos todas las semanas dejando acá abajo tu dirección de correo.

Buena Vida,

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