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¿Cuánto talento es suficiente para vivir de él?

La entrega de hoy se desprende de preguntas que representan una suerte de soporte o guía para llevar claridad a la realidad del mundo que nos rodea en la era de la conectividad, para conocerlas te sugiero ir a ¿Quieres un cambio en tu vida? Empieza por mirar con otros ojos antes de continuar la lectura.

Como introducción al tema del día me gustaría compartirte una anécdota que resulta muy ilustrativa:

Una madre en su lecho de muerte decidió regalarle un anillo muy especial a su hija mayor. Este anillo había pertenecido a la abuela de la niña y tenía una historia muy particular que contar. La madre, buscando que la niña descubra la historia por sí misma, le indicó a su hija que debía ir a tres lugares para hablar con tres personas diferentes sobre el anillo.

La primer persona con la que se reunión era una joven que no tenía la menor idea del significado de aquel anillo. Después de unos instantes de conversación, la niña se fue aún más confundida de lo que llegó a su primer encuentro.

La segunda persona con la que conversó fue un joyero. El hombre se veía entusiasmado por lo que tenía entre manos, era diferente a lo que veía habitualmente y hasta estaba dispuesto a pagar algo de dinero por el anillo que la niña le mostró. Sin aceptar la propuesta la niña siguió su rumbo.

El tercer encuentro fue con un rabino hijo de supervivientes de los campos de concentración de la segunda guerra mundial. Cuando la niña le mostró el anillo, el rabino se mostró completamente emocionado y compartió la historia de su vida y la de sus antepasados haciendo alusión a que el anillo es, actualmente un símbolo de superación y que su valor era incalculable. Agregó que seguramente su abuela había vivido heroicamente para conservar aquella reliquia y que si llevaba el anillo con las personas correctas estarían dispuestos a pagar una fortuna por el mismo.

Son varias las conclusiones que podemos extraer de la historia. Comenzando a dar respuesta a la pregunta planteada en el título tomaremos al anillo como una metafórica representación del talento personal. Luego, podemos decir que para que poder intercambiar el talento por una cantidad de dinero considerable la niña debe buscar y descubrir cuál es el sitio adecuado para hacerlo. O, dicho de otra manera, el talento vale por sí mismo pero no se paga a sí mismo.

En general, distinguimos entre dos estadíos del talento en los que muchos hemos estado: por un lado está la persona que le gustaría saber de una temática pero no tiene la habilidad desarrollada, y por otro lado es la persona que sabe y es competente en algo.

Para bajarlo a lo concreto, no es lo mismo una persona de 21 años que ya descubrió qué tema le gusta pero no es competente en ello aún, que una persona de 21 años que ha pasado los últimos 6 o 7 años tomando fotografías, compartiéndolas por la web, editando vídeos, subiéndolos a Youtube, mirando tutoriales y aprendiendo sobre ello cada día. En ambos casos, a la misma edad, una persona desarrolló un talento y la otra aún no.

El talento es siempre en relación a los otros. Es por ello que, para poder expresarse y manifestarse, necesita de un entorno favorable. El mundo no te pagará sólo por haber nacido, no te debe nada y tampoco tiene porqué hacerlo. Nadie más que tu eres responsable de generar ese entorno. Antes que recibas algo por tu talento es necesario transitar dos etapas fundamentales:

  1. Desarrollar un talento: aunque pueda sonar básico no puedes vivir de un talento o de una habilidad en la que no eres competente. Esto se hace aún más complejo en el mundo adulto donde saber está muy bien visto pero declarar ignorancia para disponerse a aprender no es de lo más común. Si quieres ampliar sobre cómo aprender mejor te sugiero vayas a No te han enseñado a aprender, un secreto que cambiará tus resultados.

  1. Encontrar el sitio adecuado para entregar tu talento: entendiendo por sitio "adecuado” el lugar, el entorno en el cual las personas paguen él. O, dicho de una manera que no tiene buena prensa, debes ganarte el derecho de poner tu talento en juego encontrando dónde es útil para los demás. Esto mismo es lo que han vivido artistas antes de vivir de su arte, emprendedores antes de vivir una vida que disfrutan y muchos de los entrevistados en este blog. Si quieres conocer sus historias puedes ir al siguiente canal de Youtube.

Los seres humanos no desarrollamos nuestro talento de la misma forma que desarrollamos nuestra capacidad de respirar. Es por ello que existen al menos dos formas o caminos a la hora de poner en juego nuestro talento. Por un lado se encuentra la forma en la que actúa un carpintero y por otro la forma en que lo hace un jardinero.

El carpintero piensa, imagina, diseña y elabora un plan para crear lo que desea crear. Si miramos con detenimiento la primer tarea es crear en su mente, la segunda tarea es dibujar, la tercer tarea es hacerse con los materiales e insumos para su obra, y la cuarta tarea es ejecutar metódicamente. Esto es lo que podemos nombrar como proyecto.

Sin la acción enfocada, metódica y creativa del carpintero, los materiales e insumos nunca terminarían formando ni contienen en sí mismos la esencia de la obra, para poner un ejemplo, una silla.

En cambio, la tarea del jardinero reside en generar el contexto adecuado para que la fuerza vital que se encuentran en la semilla, el sol, el oxígeno, la tierra y el agua, encuentre el mejor cause posible. La semilla, el sol, la tierra, el oxígeno y el agua tienen, en sí mismos, una potencialidad propia y juntos, son la esencia de un jardín. Si no existiese un jardinero que genere el entorno adecuado, la vida encontrará por sí misma la manera de generar vida.

Los materiales e insumos que utiliza el carpintero no son esencia de silla, mientras que los que utiliza el jardinero si son la esencia de un jardín. Aquí reside una distinción muy importante en el quehacer de uno y otro.

Mientras que el carpintero debe crear, el jardinero debe orientar el crecimiento y facilitar el desarrollo del potencial que la semilla encierra. El jardín es el resultado mancomunado del trabajo de la semilla con el trabajo del jardinero de generar el entorno propicio para que éste florezca. La silla es el trabajo pleno del carpintero, por más que este genere el entorno la silla no se hace jamás a sí misma.

Ahora es momento de volver la mirada sobre el actual momento de tu vida, ¿Necesitas ser como el carpintero o como el jardinero? O también vale preguntar ¿En qué proyectos necesitas ser como uno y en cuáles como el otro?

El talento o conocimiento por supuesto que tiene valor, pero no se paga a sí mismo. Aquí es donde toda persona que desea vivir de su talento se encuentra con dos tareas: la primera es descubrir cuál es el talento que le gustaría desarrollar y la segunda consiste en encontrar el entorno en el cual ese talento se pone en juego.

Me encantaría que compartas en comentarios qué te surgió a partir de la lectura de hoy. Si sientes que en algo puedo serte de utilidad no tienes más que escribirme un correo.

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