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¿Cómo relacionarte mejor con las personas que forman parte de tu vida?

¿Quién de nosotros no desearía tener excelentes relaciones interpersonales con todas las personas con las que nos relacionamos día a día?

Tal vez no todos queramos tener “excelentes” relaciones pero sí podemos deducir que tener “buenas” relaciones es un deseo en los que podemos incluir nuestras amistades, pareja, colaboradores, clientes, socios, y proveedores de los servicios y productos que consumimos en nuestra vida.

Sabemos que las relaciones humanas no han sido algo simple en nuestra historia y tampoco lo son en la actualidad. En esta era cada vez son más las variables que entran en juego a la hora de establecer relaciones humanas y es una tendencia que va en aumento (puede ir al link para conocer más sobre ello).

Al margen de los inconvenientes que nos encontremos para establecer buenas relaciones, hay personas, equipos y organizaciones que tienen muy buenas relaciones con su entorno, con lo cual nos pone en situación de pensar que lo aparentemente imposible en realidad es posible.

¿Qué saben ellos que el común de los mortales no? ¿Hay algo que debamos saber y podamos empezar a hacer diferente para mejorar nuestras relaciones con quienes forman parte de nuestra vida?

Investigando este tema no quería dejar de mencionar algunos hallazgos en lo que hace las relaciones y las separaciones tanto en el ámbito personal (llámese divorcio) como en el ámbito profesional:

La cantidad de divorcios a nivel mundial va en aumento, de hecho en países como Francia, España, Alemania, Estados Unidos, Portugal y Argentina la tasa de crecimiento de esta tendencia en 2017 y 2018 fue entre el 1% y el 3% anual.

En lo profesional, cuando una persona deja su empresa de manera voluntaria se dice que en realidad a quién está dejando es a su jefe. De hecho, con la tendencia hacia los agentes libres y profesionales autónomos que tenemos en esta era cada vez son más quienes prefieren colaborar y servir a personas y organizaciones como freelancers o trabajando bajo la modalidad Hollywood (se reúnen distintos especialistas para un proyecto puntual, trabajan de lo que disfrutan hacer y se la pasan bien mientras dura el rodaje, cada uno sigue su camino).

Si te interesa conocer más sobre qué son los agentes libres y cómo gestionan su tiempo te recomiendo ir a El desafío de manejar tu tiempo y ser “tu propio jefe”.

Hace un tiempo, hablando con un emprendedor argentino que está haciendo el proceso de aceleración de su proyecto en Y combinator en Sillicon Valley, me enteré que la mayor causa de quiebra de las startups en el ecosistema emprendedor estadounidense se debía a que los socios fundadores y su core-team (equipo más cercano) no podían ponerse de acuerdo para co-construir el proyecto emprendedor de manera que todos estén satisfechos durante proceso de desarrollo y crecimiento empresarial.

Entonces… ¿A qué premisas podemos echar mano para relacionarnos de mejor manera con nuestro entorno personal y profesional?

Aquí van tres recomendaciones de expertos del campo de la psicología, el cambio organizacional y el comportamiento humano:

  • La gente no te hace, la gente hace. 

Como seres humanos somos muy malos diferenciando el daño de la ofensa. Cuando una persona realiza una acción cualquiera, puede estar haciendo daño a otra (aplica para golpes, gritos, retos, bocinazos en medio del tráfico, etc.) pero no necesariamente la está ofendiendo. Daño no es igual a ofensa.

La ofensa habita en quién es impactado o impactada por esa acción. Si recibo un golpe, un grito o lo que sea, yo puedo comprender que la otra persona esté nerviosa o tenga un mal día y haga lo mejor que pueda en ese momento, o puedo elegir ofenderme al entender que me lo está haciendo a mi, por mil y un motivos que nuestro cerebro puede inventar.

Diferenciar y comprender a las acciones de los demás entre cuáles me dañan y cuáles me ofenden es el primer paso para empezar a dejar de ofenderme porque el mundo viva su vida.

Por suerte vivimos en un planeta tan bien planteado que tenemos oportunidades todos los días para practicar esta primer recomendación. Cabe aclarar también que esto no requiere ningún talento especial, es algo que todos podemos hacer.

  • No supongas porque el otro actúa como actúa.

Cuando empezamos a interpretar las acciones de los demás como personales ofensas hacia nosotros, nuestro cerebro se monta en una carrera de elaborar una serie de explicaciones del “por qué?” del comportamiento de la otra persona.

Vamos un paso más atrás, muchas veces, sino la mayoría de las veces, nos es extremadamente difícil identificar qué nos lleva a nosotros a actuar como actuamos. Solemos no tener respuestas a todos los “por qué?” sobre nuestro propio comportamiento.

Entonces… ¿Qué nos hace pensar que, en realidad, conocemos tanto a la otra persona que la entendemos a la perfección? ¿Qué especie de pensamiento mágico es ese?

Cuando te encuentres adivinando “por qué?” la otra persona actúa como actúa, escúchate a ti mismo o a ti misma primero. Escucha qué te dices internamente y distingue cómo te hace sentir lo que te dices y tómalo como ejercicio para conocerte primero a vos mismo o a vos misma.

  • Cuando hables, no hables de lo que la otra persona hace, sino de cómo te sientes con lo que hace o deja de hacer.

Tendemos a mirar demasiado qué hace y qué deja de hacer la otra persona y exponerlo en nuestra explicaciones de “yo hice esto porque vos hiciste aquello” sin antes permitirnos distinguir qué nos hace sentir lo que la otra persona hace y exponer nuestras emociones y sentimientos.

Cuando exponemos cómo nos sentimos con lo que la otra persona dice o hace primero estamos haciendo un trabajo de llevar conciencia a nuestras propias emociones lo cual es maravilloso a nivel de inteligencia emocional o hasta puede ser tomando como un entrenamiento en vida.

Por otro lado estamos poniendo el peso donde debe estar, en cómo nos sentimos con lo que pasa, no en lo que pasa propiamente dicho. No podemos controlar lo que sucede, pero sí podemos GESTIONAR (no controlar pues no lo controlamos) cómo nos sentimos.

Al hablar y exponer a la otra persona cómo nos sentimos con lo que el otro hace y deja de hacer, nos volvemos mucho más "entendibles" para el otro.

Este el primer paso para comenzar a hablar de las cosas que nos hacen y las que no nos hacen tan bien en cualquier relación personal o profesional.

Si sientes que este artículo puede ayudarte a mejorar la relación con un compañero, compañera, jefe, jefa, cliente, proveedor, pareja, amigo, amiga, etc., te invito a que se lo compartas. También me gustaría leerte en comentarios, ¿Qué te pareció esta entrega?

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Buena Vida,

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