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¿Cómo mantener actualizada tu definición personal de éxito? (parte 1)

Hace un tiempo escribí un artículo sobre lo que consiguió Dave Alred trabajando con deportistas de élite sobre sus habilidades mentales y emocionales, en pos de mejorar de su performance durante la alta competencia, si quieres darle un vistazo acá te dejo el link: ¿Cómo rendir mejor y abstraerse del entorno?

En aquella entrega del blog, compartí un destilado que extraje de su libro “El principio de la presión” el cual me gustaría utilizar como prólogo para introducir el tema de hoy:

¿Cómo mantener actualizada tu definición personal de éxito?

Antes de responder esta pregunta quiero proponerte hacer un acuerdo inicial para continuar la lectura. Te propongo que la lectura sea voluntaria, por nada del mundo te veas obligado u obligada para seguir leyendo. De hecho si haces esto por obligación déjalo inmediatamente y sigue con tu vida tal cual la vives hoy. Parte de tener clara tu definición de éxito consiste en saber a qué cosas decirles si y a cuáles decirles no.

Lo que viene a continuación es indispensable para crecer y desarrollarte en tu vida pero puede que no todos estemos listos para procesarlo. Por eso propongo un segundo acuerdo: adoptar una actitud de apertura y escucha empática (este es un caso de lectura, pero si estuviésemos trabajando mano a mano en una sesión sería lo mismo).

Es común y natural que escuchar algunas ideas diferentes a las que ya conocemos, nos surjan tres reacciones instintivas básicas: negación, shock o ataque. Si quieres leer más sobre esto te sugiero ir a: ¿Qué actitudes son necesarias para vivir una vida con propósito?

Por lo que queda de éste artículo te invito a explorar una cuarta reacción, la genuina curiosidad.

Entiendo una genuina curiosidad como eso que de pequeños se nos daba de manera natural, y que muchos adultos han perdido. Abrirte a la posibilidad de que haya una respuesta, una pregunta o una idea nueva e interesante para tí en estas líneas es algo que también depende de ti.

El tercer acuerdo es el compromiso de avanzar y hacer los desafíos que el artículo propone. Todas las teorías son fantásticas (o no tanto) en los papeles, pero no te invito a eso, te invito a poner en práctica y tomar el aprendizaje de la vida real dándote tiempo y espacio para experimentar en carnes tu transformación.

Por último, si esto fuese un taller o un entrenamiento en vivo te pediría que vos mismo pongas los acuerdos sobre la mesa que creas necesarios para continuar con esta puesta en común. ¿Cuáles serían? Lo dejo para ti, yo simplemente acepto de antemano (sería maravilloso leer qué acuerdos vos propondrías en los comentarios de abajo).

Antes de darle riendas sueltas al contenido, quiero que acordemos pasarnosla bien, disfrutar y que transitemos el camino que nos propone éste artículo con disfrute.

Ahora sí, vamos?

  • Primera idea: Tu cerebro funciona como una computadora, es decir, se puede hackear.

Sin caer en el error de reducir nuestro cerebro (o reducirnos a nosotros mismos) a una computadora o una máquina, lo que busco hacer con esta analogía sólo es comparar el funcionamiento de ambos sistemas. Es decir, cómo es el paso a paso de instrucciones, órdenes, conexiones, reacciones y acciones ejecutadas.

Para ser aún más preciso, tu cerebro funciona como un GPS. Es decir, es como un dispositivo que recibe instrucciones, calcula, ejecuta, recalcula y vuelve a ejecutar (sin importar si llega o no a su objetivo) hasta recibir nuevas instrucciones.

Seas o no consciente, tu cerebro está corriendo este programa una y otra vez para ejecutar cada cosa que haces en tu día a día. También podemos decir que el cerebro es una máquina de pensar y esforzarse por hacer realidad aquello que ha pensado.

Que tu cerebro se pueda hackear significa que tu cerebro se puede "intervenir". Más bien, que puedes intervenirlo tu mismo o tu misma. A partir de decir esto, te invito a que vuelvas a que releas lo anterior.

Regálate un momento para pensar en la frase: “y esforzarse por hacer realidad aquello que ha pensado” y pregúntate, ¿En qué piensas todo el día? ¿Realmente quieres que eso se haga realidad?

  • Segunda idea: Tu cerebro sólo conoce él “no” cuando vetas una instrucción.

Lo dicho anteriormente me da pie para decir que tu cerebro se esforzará para hacer realidad aquello que ha pensado más allá que tu lo desees o que no lo desees. ¿Por qué? Porque tu cerebro no conoce el NO en una oración.

Es decir, cuando tu piensas ideas como... “ojala no me roben” o “espero que no suceda tal evento”, etc. Tu cerebro escucha “ojala me roben” o “espero que suceda tal evento”.

Sin embargo tu cerebro si entiende los “no” cuando vetas algo. Puedes entrenarte en decir “no” a muchas situaciones de la vida cotidiana que te alejan de un camino con propósito y te volverás muy bueno o muy buena vetando. Nadie dijo que esto sería fácil, pero si es simple, sólo tienes que ser muy bueno o buena diciendo NO.

Si bien los avances científicos en neurociencias sirven cada vez más para respaldar estos dichos, no es objetivo de ésta entrega fundar estas ideas, sino divulgarlas y utilizarlas a nuestro favor para revisar, rediseñar e intervenir en nuestra propia manera de vivir y de desarrollarnos.

Si quieres ir a la siguiente parte de este artículo te espero en ¿Cómo mantener actualizada tu definición personal de éxito? (parte 2). Te invito a que dejes tu correo acá abajo y te suscribas gratis al blog para recibir contenido de valor todas las semanas directamente en tu bandeja de entrada.

¿Qué te parecieron estas dos primeras ideas? Me encantaría leerte en comentarios. Que tengas gran inicio de semana.

Buena Vida, 

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