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¿Cómo hacer lo que no disfrutamos y ser igualmente felices?

Hace un tiempo, durante el proceso de acompañar a un cliente a encontrar su vocación y construir un proyecto profesional sostenible tuvimos una sesión uno a uno en la que empezaba a ver algo particular: no importaba cuán creativas eran mis preguntas, la respuestas que recibía nunca respondían mis preguntas.

En ese momento, con mucha delicadeza, respeto y empatía, tuvimos el siguiente intercambio:

  • Facundo: -¿Puedo mostrarte algo? Le dije.
  • Cliente: -Si, por favor. ¿Viste algo que yo no?
  • Facundo: -Me parece que sí, te digo que noté y vos dame tu opinión. Durante los últimos 20 minutos he preguntado de tres o cuatro maneras diferentes sobre lo que te traba para hacer eso que supuestamente tanto amas y empiezo a pensar que  tal vez hay algo más detrás de las respuestas que das, ¿Hay algo que estés evitando decir?
  • Cliente: -(lo pensó un poco en silencio) mmm, me parece que sí… Es decir, empiezo a romper con la ilusión de que encontrar lo que amo era imposible y, en cambio, me doy cuenta por dónde va mi vocación. Lo que me da miedo es que para hacer realidad mi sueño hay cosas que quiero hacer pero no son totalmente placenteras o al menos a mi no me da placer hacerlas.

Si el diálogo anterior te identifica puede que este artículo te interese. ¿Acaso te has encontrado evitando hacer una tarea solamente porque no sientes que te da placer?

Es necesario tener claro que esto aplica a cualquier situación en la que, las tareas con las que te encuentras no son totalmente placenteras, pero vos mismo o vos misma -en el futuro- te agradecerás por haberlas hecho.

Para trascender la situación hay dos aspectos esenciales a tener en cuenta: el aspecto mental y el aspecto físico.

Respecto al aspecto físico podemos decir que hay un camino corto y, al mismo tiempo, un camino largo por recorrer.

Los dos son iguales de efectivos, los dos funcionan, los dos son buenos y admito que, en lo personal, frecuentemente utilizo ambos dependiendo de las circunstancias en las que me encuentre.

El camino corto es simple. Los anglosajones lo llaman “fake it until you make it” (finge hasta que lo hagas sin tener que fingir). Para nosotros, latinos, podría ser simplemente “haz como si te gustara”. Esto se trata de hacer lo que vayas a hacer como si te diera placer, o lo que es lo mismo haz como si no te costara hacerlo.

Si te fijas, este camino es algo que ya recorriste durante tu vida. Lo recorriste cuando practicabas cómo atarte los cordones (agujetas) o cuando practicabas cómo caminar.

Durante este proceso hacías como si te gustara y como si supieras hacerlo. Aprendiste 100% por imitación y constante práctica deliberada.

Ahora lo único que debes hacer es trasladar este aprendizaje a otro área de tu vida. Es decir, llevarlo hacia aquellas tareas que no te da placer hacerlas y que tienes en frente. Haz como si te gustaran y simplemente hazlo (en lo personal me sirve hacerlo con una sonrisa y así me resulta mucho más fácil).

Alguien que ha hecho este proceso y lo ha llevado a niveles insospechados es el tenista mundial Rafael Nadal. Rafa, considerado entre los mejores tenistas de la historia, está dentro de los diez mejores del ranking ATP hace mucho años y naturalmente es diestro.

Cuando era más joven, su tío y entrenador personal lo entrenó durante años para que jugara al tenis con su mano izquierda, tomando la raqueta y pegándole una y otra vez con una mano que no era su mano natural. ¿Te imaginas lo incómodo que debe haber sido impostar este movimiento practicando una y otra vez pegarle a la pelota?

Lo interesante de este proceso es que de tanto aplicar el “haz como si te gustara” vas tomando confianza, poco a poco ves resultados y, si bien puede terminar por no darte placer, no te disgustará tanto como al principio.

El otro camino a recorrer es el camino largo y este, requiere otro proceso. No se trata de intentar innumerable cantidad de veces, sino que, merece una especial prudencia y paciencia para transitar un proceso de constante indagación y regulación de expectativas entre el “para qué?” hacer lo que tienes que hacer, y “qué?” resultado, efecto o consecuencia esperas que suceda a partir de hacerlo.

En general este proceso requiere más tiempo que el camino corto e incluso es recomendable buscar acompañamiento. Así como un ojo no puede verse a sí mismo sino a través de un espejo, uno mismo no puede acompañarse durante el proceso como lo hace un profesional del coaching ontológico.

Si bien creo que el camino largo es más sostenible que el corto, los dos son útiles y no subestimo el poder del camino corto.

No me ocupé ni detuve a desarrollar el aspecto mental del tema. Entiendo que es sumamente necesario conocer la importancia de re-encuadrar mentalmente la situación reemplazando el lenguaje negativo o el lenguaje positivo por un lenguaje productivo al hablarte a vos mismo (el lenguaje productivo consiste en brindar información útil y clara sobre el paso a paso a seguir, es decir habla de las acciones a realizar concretamente), para conocer qué dicen los expertos sobre el aspecto mental y cómo re-encuadrar la situación te sugiero ver lo que escribí en ¿Cómo rendir mejor y abstraerse del entorno?

Por último me gustaría dejarte con una interesante reflexión:

Si quieres mejores resultados tienes que querer fallar. No se trata de que estés dispuesto o dispuesta a arriesgarte, tienes que estar dispuesto a dártela con la pared. ¿Soy claro mostrando la diferencia? Si te escondes no puedes no puedes ser más, no puedes disfrutar más y no puede tener más. El camino es exponerte, mostrarte, volverte poco a poco capaz de cosas que antes no te creías capaz.

Quien se cuida del fracaso también se está cuidando de tener éxito y lograr lo que tanto ama. Nada de lo que hagas ahora te preparará para lo peor que pueda suceder, sólo si te entrenas tendrás la habilidad de sobreponerte a lo que sea que se presente.

Para ello es muy conveniente elegir el domo, el gimnasio, la arena, el entorno en el cuál quieres transpirar, entregarte y darlo todo porque si quieres algo de gloria, amor, reconocimiento, dinero, contribución o lo que sea, tendrás que bajar de las gradas y meterte en la arena.

No puedes estrenar un regalo si no le quitas el envoltorio… Aunque me digas que usas algunas cosas sin quitarle el envoltorio, vamos… por dentro sabes que no es lo mismo.

Ahora es tu turno, ¿Te fue útil esta entrega? Me gustaría leerte en comentarios y saber, ¿Con qué problemas te estás enfrentando y sobre qué temas quieres que escriba? Espero ansioso tu respuesta.

Buena Vida,

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