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¿Cómo aprender más rápido? Lo que nadie te contó y es necesario para aprender de nuestros errores

En la actualidad es muy común escuchar o leer frases como “La vida es tu mejor maestra, aprende de ella”, “La universidad de la calle es la que educa para la vida”, o “No existe el fracaso si hay aprendizaje”.

No es objetivo de este artículo juzgar cuán ciertas o falsas son estas frases; sino, más bien, analizar, pensar y conocer qué necesitamos hacer para aprender el cualquier ámbito de nuestra vida.

De esta forma, podremos sacar mejor partida de nuestros errores, algún fracaso que ande dando vueltas por ahí y nos duela un poco, ó incluso de una clase o curso que estemos tomando en este mismo momento. En fin, de lo que sea.

Antes de comenzar con lo necesario para el aprendizaje es necesario aclarar que, si bien el aprender se relaciona con el saber, saber no es lo mismo que saber hacer.

Saber pasa por conocer la teoría, aprender los pasos y tener el conocimiento sobre un determinado tema o problemática. Saber hacer pasa más por tomar acción, aplicar los conocimientos, tener la experiencia no teórica de haber usado las técnicas y los métodos para obtener un determinado resultado.

Existen muchos ejemplos que pueden utilizarse para ilustrar que saber y saber hacer no es lo mismo. Cualquiera de nosotros podría leer un libro sobre cómo se juega al tenis, conocer su reglamento y reglas vigentes. Pero, si no pasamos a la acción y lo ponemos en práctica es muy difícil que realmente sepamos jugar al tenis si no hemos invertido tiempo en practicarlo y familiarizarnos con su técnica.

Para que el aprendizaje se produzca, es necesario que algunas condiciones físicas y otras condiciones biológicas estén presentes.

Condiciones físicas

  1. Ambiente propicio para el aprendizaje: resulta difícil aprender en una situación donde la mente percibe que nuestra integridad física corre peligro o hay algún riesgo de ser castigado si nos equivocamos. Un ambiente relajado y especialmente diseñado para contener y fomentar el aprendizaje es clave para que éste se produzca.

  2. Algo nuevo o desconocido: no aprendemos lo que ya sabemos.

  3. Repetición: no basta con haberlo leído, escuchado o interpretado una sola vez. Ponerlo en práctica, explicárselo a otras persona e incluso escribir sobre ello, son ejercicios muy útiles para que se produzca el aprendizaje.

  4. Tener un otro que haga de maestro: no necesariamente debe ser una persona humana, puede ser un libro, una película, una situación particular, o incluso un video de youtube que facilite nuestro aprendizaje.

Estas condiciones son externas. Es decir, un otro, incluso una institución educativa o formativa puede generar y acompañar este proceso.

Pero la vida cotidiana está lejos de generar estos espacios. Los maestros suelen venir en formas de problemas que preferiríamos evitar, y los ambientes son los que son, no los que quisiéramos que sean.

Esto abre la puerta para mencionar otro tipo de condiciones que dependen totalmente del aprendiz, y van desde lo biológico hasta lo psicológico.

Condiciones Biológicas

  1. Intención de aprender: parece obvio pero si no estamos dispuestos, si no queremos y abiertos a lo nuevo, será poco probable aprender. No querer aprender dificulta enormemente el aprendizaje.

  2. Estar presentes y prestar atención: enfocar nuestra energía aquí y ahora. Existen disciplinas que tienen mucho para aportar. El Mindfulness, por ejemplo, es el arte de estar plenamente consciente y está probado que practicarlo reduce los niveles de estrés y favorece el aprendizaje.

  3. Glucosa: el cerebro consume energía en un proceso de aprendizaje y debe abastecerse, así como un auto de combustible, de algo dulce que nos entregue su energía.

  4. Agua: nuestros cuerpos son 70% agua y si ésta nos empieza a faltar podemos incluso hasta sentir cansancio y dolores de cabeza.

  5. Saber que no sabemos: es necesario tener plena consciencia de que hay algo que no sabemos. En otras palabras, debemos declararnos incompetentes en algún ámbito.

Es totalmente normal que algunos de estos factores nos resulten conocidos y otros no tanto. La educación tradicional, por la que hemos transcurrido al menos 12 años de nuestra vida si terminamos la escuela secundaria, nos enseñó un método determinado. Escuchar, leer, comprender, explicar y ser evaluados. Esto basta para decir, académicamente, que una persona ha aprendido y sabe de algún tema.

Pero esta forma de aprendizaje no es válida para todas las situaciones de la vida. Menos si aún no se ha escrito bibliografía sobre cómo superar el obstáculo que tenemos en frente en este momento. Aquí encontramos un gran contraste, la vida académica es comparativamente diferente a la del día a día. No se aprende de la misma forma y nadie nos enseñó cómo aprender de una forma diferente.

Los estándares de la vida adulta dificultan el aprendizaje, pues como adultos no está bien visto no saber. Está mejor visto saber y saber mucho. Paradójicamente, decir “no sé” abre la puerta al aprendizaje, pero decir “ya lo sé” veta la posibilidad de aprender.

Por último, es de gran ayuda conocer qué influencia tienen nuestras emociones sobre nosotros mismos a la hora de aprender. Básicamente podemos identificar tres zonas:

  • Zona de confort: la vida presenta una situación que ya sabemos resolver entonces, puede resultar aburrido o poco movilizador pues nuestra habilidad es superior al desafío. Vale la aclaración que la zona de confort no es necesariamente confortable sino, está compuesta por lo conocido para nosotros (nuestras incomodidades y problemas conocidos como un atasco de tráfico o una pelea con un amigo o jefe está en esta zona).

  • Zona de pánico: esta es la zona donde nuestras habilidades son inferiores a los retos y podemos llegar sentir miedo, riesgo o estrés. En esta zona debemos observarnos e identificar qué emociones se nos disparan. Este pequeño proceso de autoconocimiento nos habilita totalmente para pedir ayuda en el momento que consideremos adecuado.

  • Zona de aprendizaje: aquí nuestras habilidades igualan a los desafíos o son apenas inferiores a ellos. Esta es la zona en la cual más cómodos nos sentimos para aprender y que obedece a la primer condición física anteriormente mencionada (ambiente propicio para el aprendizaje).

Por último quisiera hacerte la siguiente pregunta, ¿Sueles tropezar con la misma piedra una y otra vez?

Si tu respuesta es sí, tal vez la vida te está diciendo una y otra vez ¡Por favor, aprende de esto! Es muy posible que te estés negando el aprendizaje en ese ámbito de tu vida.

Con esta particular situación -que incluso puede sucederte con una situación diferente en cada ámbito de tu vida- tienes una gran oportunidad de aprendizaje, está frente tuyo y se te presenta con cierta regularidad.

Ahora depende de tí, es necesario que tu actitud sea diferente, te abras y estés dispuesto. ¿Te animas a aprender?

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