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Cambia tu entorno = Cambia tu vida (parte 1)

¿Sabías que nuestras emociones, nuestras acciones y nuestros resultados están más influenciados por nuestro entorno de lo que imaginamos?

Uno de los paradigmas que más se ha transformado en lo relacionado al logro de objetivos y desarrollo personal en los últimos años es la idea de que las personas y el entorno al cual nos exponemos son más influyentes en nuestros resultados que nuestra capacidad de lidiar con el fracaso y mantener nuestra motivación.

Si quieres leer más sobre motivación te propongo que des una vuelta por Motivación vs Compromiso, ¿Por qué te pagan?

No importa dónde nos encontremos en este momento, como parte del universo en el cual vivimos, siempre estamos inmersos en algún sistema.

Un sistema es un conjunto de componentes que se relacionan entre sí. Y cabe aclarar que a veces tienen un fin en común y a veces no.

Según la Teoría de los Sistemas -a la cual haré alusión en este artículo y puedes leer sobre ella en wikipedia- los sistemas pueden estar formados de algo totalmente abstracto y conceptual como normas, leyes, políticas, creencias, paradigmas, culturas, ideas de cómo las cosas “deben ser”, etc. ó bien algo material como personas, dinero, medios de transporte, dispositivos tecnológicos, animales, vegetación, libros, cosas, etc.

Si estamos con nuestro grupo de deportes estamos en un sistema, si estamos en nuestro trabajo, estamos en nuestro sistema laboral, si estamos solos estamos en el sistema que formamos con nosotros mismos, nuestra manera de mirar el mundo y nuestras ideas.

Pero… ¿Cómo un sistema puede ser más influyente que nuestra motivación y fuerza de voluntad? Como dirían los ingenieros, hay una máxima de los sistemas que plantea que “el sistema siempre impone condiciones”.

Según el aporte de la neurociencia en comportamiento humano, se ha probado que nuestras neuronas espejo nos condicionan biológicamente a copiar, imitar y/o “espejar” los comportamientos de un otro que tenemos enfrente o con el cual compartimos muchas horas al día (esto aplica tanto para el mundo presencial como para el mundo virtual).

Es decir, que según la neurociencia, tendemos a imitar el comportamiento de las personas con la que más contacto tenemos.

Lo anteriormente dicho no quiere decir que estamos determinados a hacer todo lo que el sistema en el cual estamos inmersos nos propone. Sólo enuncia que el sistema condiciona y tiende a modelar nuestro comportamiento.

Por lo tanto las probabilidades de hacer algo como el sistema nos propone son notablemente mayores a hacerlo a nuestro gusto.

Esto no es algo nuevo para nosotros en lo relacionado a la vida social. Por citar algunos ejemplos podemos decir que:

  • Los que algunas vez hemos ido al gimnasio sabemos que cuando vamos en grupo nuestra constancia se incrementa notablemente.

  • Algunos músicos ni siquiera se toman el trabajo de guardar sus instrumentos musicales al terminar de ensayar. Tienen la experiencia de que si se encuentran con su instrumento al desnudo sus probabilidades de ensayar son mayores que si ven su instrumento guardado en el estuche.

  • Quienes desean llevar una vida saludable se rodean de personas que conocen en cursos o frecuentan sitios que visitan personas que les interesa alimentarse de manera consciente.

Otra perspectiva de la misma idea, pero en relación al contenido y la información que recibimos día a día, es la de elegir exponernos a información y contenido relevante orientado a las acciones que queremos poner en marcha y los objetivos que queremos lograr.

A menos que nuestro objetivo sea perder foco de lo que queremos lograr y dispersar nuestra energía vital, el ver noticieros de televisión o escuchar programas de radio que comentan sobre las últimas tragedias en el mundo no es muy útil para nosotros. En realidad es más perjudicial de lo que pensamos.

Por ejemplo, si tu escritorio o tu despacho está desordenado estarás confiando demasiado en tu fuerza de voluntad para lograr lo que te propones. No hay nada malo en esto, a menos que tu fuerza de voluntad no sea lo suficientemente fuerte.

Si bien cada persona puede usar este concepto para mejorar su vida en el aspecto en que lo desee, es interesante llevarnos la idea de que cambiar nuestro sistema aumenta considerablemente las probabilidades de cambiar los resultados que estamos consiguiendo.

Para ello, es necesario empezar a pensar en términos de sistemas al toparnos con la próxima tarea en nuestro día.

Pensar en términos de sistemas, de eso se trata.

Tim Ferris dice que somos el promedio de las 5 personas que más frecuentamos. En su libro “La semana laboral de 4 horas” (que dicho sea de paso es un bestseller super recomendable), hay un capítulo completo destinado a pensar y re-pensar el impacto que tienen las personas en nuestra forma de pensar, nuestras creencias, nuestras decisiones, nuestras elecciones y los resultados que con ellas conseguimos.

Si bien la Teoría de los Sistemas y el impacto que tienen en la vida de cada uno de nosotros es un tema que me atrae por lo útil que puede sernos cuando lo ponemos en práctica, una de las ideas principales que me gustaría ampliar es la de que los sistemas no siempre tienen un fin en común.

Anteriormente dijimos que los sistemas a veces tienen un fin en común y a veces no. El hecho de que no todos los sistemas tengan un fin o una misión clara ha motivado en mí, la búsqueda de sistemas que sí lo tienen, de forma que cualquiera pueda elegir, de manera consciente, formar parte o no de ellos.

Sucede que muchos sistemas en los cuáles nos encontramos en el siglo XXI son complejos (tienen muchos componentes) y dinámicos (cambian a un ritmo mayor del que podemos imaginar).

Lo que se había creado o formado por un fin determinado, se modifica. Para entender un poco mejor este fenómeno te invito que leas ¿Quieres cambiar tu vida? Empieza por mirar diferente.

Te invito a leer Cambia tu entorno = Cambia tu vida (parte 2) para profundizar ideas centrales de éste ensayo y conocer otras maneras de facilitar el cambio que deseas lograr.

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Buena Vida,

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