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Artesanear la propia profesión

Hace un tiempo me encontré trabajando con un particular grupo de personas sobre el tema de su vocación profesional y la decisión de vivir una vida con propósito. Digo “particular” pues era un grupo al cual estimo y que estaba totalmente empastado en los temas mentales de cómo debía ser el paso a paso correcto para “no fallar” en su propio proceso.

Era como si quisieran comprenderlo todo desde la mente, desde la lógica racional sin vivenciar la experiencia de su vocación a través de su propia vida. Este marco introduce y contextualiza una de las preguntas que me hizo una participante del programa:

"No termino de comprender si esto de la vocación es algo único en la vida o si puede ir cambiando, ¿Nos explicas cómo es realmente?”

Vale aclarar que no creo que mis respuestas u opiniones sean importantes. Creo firmemente que la experiencia y las pruebas empíricas que cada uno extrae de su propia vida sobre una idea o tema son más válidas que las respuestas u opiniones de otros. Es por eso que te invito a no tomar en serio lo que digo, experimenta en tu vida y por a prueba todo antes de aceptar nada.

Volviendo a la consulta de la participante, en ese momento bajó a mi mente la imagen de mi abuela paterna cuando cocía en su antigua máquina de coser a pedal. Recuerdo que decía que para cambiar el color del hilo con el que venías cociendo debías parar la máquina, quitar el hilo actual y colocar el nuevo antes de seguir.

Entre este proceso y el de descubrir tu vocación existen al menos dos similitudes que me gustaría compartir con vos en la entrega de hoy:

1. Parar para enhebrar el hilo en la aguja

A la hora de tomar decisiones importantes o, metafóricamente hablando, cambiar de color de hilo, es necesario parar la máquina. Así como no pretendes atarte los cordones de las zapatillas mientras corres o caminas, querer tomar decisiones sin perspectiva no nos da el espacio suficiente para experimentar, reflexionar sobre nuestra experiencia, ampliar nuestra comprensión de la situación y decidir mejor.

¿Qué recursos se pueden utilizar para hacer esto más sencillo? El arte de objetivar.

Es decir, para complementar tus consideraciones personales o subjetivas sobre un tema, una idea o un proyecto, es importante poder sacar este tema o idea de la mente para experimentarla y ponerla afuera tuyo.

Para sacar el tema de tu mente basta con conversar, escribir o utilizar las múltiples formas de expresión con las que los seres humanos contamos para compartir eso que estamos pensando, ideando o sintiendo. No importa si utilizas el arte, la escritura, una conversación o lo que se te dé más fácil para expresarte. Lo importante es que te expreses y luego vuelvas sobre tus pasos para reinterpretar (usualmente con la ayuda de otro persona) lo que estás pensando o sintiendo.

Una clave que me fue muy útil para aprender a hacer esto (y algo que puede ser de mucha utilidad para los “mentales” que quieren controlarlo todo) es la siguiente: no busques pensar para expresarte, permítete expresar para pensar. Se trata de invertir el proceso al que estamos acostumbrados.

Es decir, para objetivar y mirar con otros ojos una dada situación, no pienses antes de hablar, habla y después piensa. No pienses para escribir algo que valga la pena, escribe y luego relee qué salió de vos. No pienses para expresarte artísticamente, exprésate y luego reflexiona sobre lo que hiciste o lo que expresaste. Para dejar que tus ideas se ordenen fuera tuyo, es necesario no querer ordenarlas en tu mente antes de sacarlas en algo “terminado”.

Entiendo que no sea algo a lo que estamos acostumbrados y que incluso nos formaron para pensar antes de hablar, pensar antes de escribir y pensar antes de hacer. La práctica de objetivar nos propone cambiar el orden tradicional para ver qué sale de hacer o decir antes de pensar. La idea es utilizar este ejercicio para salir de nuestra mente y no empastarse en el proceso de reflexión.

Si no objetivas tus ideas, pensamientos, planes o posibles cursos de acción, te pierdes de mucho e incluso puede costarte tiempo, salud o dinero. En mi experiencia, el tomar decisiones sin exponer lo que pasaba por mi mente me ha costado dinero, salud y tiempo (si, los tres juntos).

Si bien existen disciplinas que pueden ayudarte a parar y reflexionar sobre tu acción (como mindfulness, meditación, yoga, coaching, escritura consciente, pintura, etc.) sos vos la persona que necesita aprender a hacerlo pues seguramente debas hacerlo más de una vez en la vida.

Al referirnos a la metáfora de la máquina de coser de mi abuela, el arte de objetivar sólo es la parte en la que enhebramos el hilo en la aguja, aún nos faltan un elemento que complementa la respuesta a la pregunta de la participante: la experimentación.

2. El propio acto de coser

Así como un minuto de ejecución complementa horas de planificación, objetivar es necesario pero no suficiente.

Para darle una vuelta de rosca a esto de la vocación es necesario reconocer que estamos socialmente influenciados por un contexto que evalúa nuestras decisiones con la lente del perfeccionismo de la decisión correcta.

En realidad no importa si esta evaluación está bien o está mal. Esta entrega no va de ponerse ni en juez ni en defensor de nadie, sino dar alternativas útiles que nos permiten enfocarnos en otra cosa que no sea “la única decisión correcta”.

La vocación es como un camino a recorrer, siempre estás a tiempo de cambiar de camino, siempre puedes decir basta y volver a comenzar. En el tiempo que llevo trabajando con personas y profesionales es muy común ver que cuando no elegimos un camino que tenga sentido para nosotros desde jóvenes, lo terminamos eligiendo cuando nos hacemos adultos.

Los tiempos que corren, en donde todo cambia extremadamente rápido y lo que era válido ayer dejó de ser válido hoy, dejan en evidencia que no hay única respuesta correcta o un único camino posible. Puedes desandar tantos caminos como creas que sean necesarios para ti.

Para permitirnos esto es necesario aceptar que nuestra mente y nuestro entorno están pensando que todas las decisiones son definitivas y, en realidad, existen muy pocas decisiones definitivas en la vida.

Casi siempre que hayas tomado una decisión vocacional que te llevó a un lugar donde no quieres estar y no te agrada, tienes la opción de salir y volver a elegir.

Esto presupone tener el coraje suficiente para dejarte influenciar más por tu propia experiencia que por las exigencias del entorno que nos rodea. Al final, se trata de romper con la ilusión de que alguien externo a vos puede decirte cuál es tu camino y qué cosas te harán vivir feliz y en plenitud.

Me encantaría saber, ¿Qué te pareció esta entrega? Espero leerte en comentarios y seguir por ahí la conversación.

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Te deseo Buena Vida,

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