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¿Cómo lograr todo lo que me propongo sin morir en el intento? 4 Pilares de una Ejecución Efectiva (parte 1)

Si bien los desafíos que vivimos en el siglo XXI son numerosos, alcanzar nuestros objetivos –sean cuales sean- es uno de los desafíos personales más recurrentes que escucho en mis consultas.

Gandhi solía decir quela diferencia entre lo que hacemos y lo que somos capaces de hacer resolvería la mayoría de los problemas del mundo”.

Más allá de lo idílica que pueda resultar la idea de “resolver la mayoría de los problemas del mundo”, lo que podemos rescatar de la sabiduría de Gandhi es que todos y cada uno de nosotros tenemos la capacidad de hacer lo que nos proponemos.

No sé a vos, pero a mí, esta idea me transmite mucha tranquilidad. Es decir, cuando tengo un sueño, mi enfoque es el siguiente: “es posible que aún no tenga todos los conocimientos o las habilidades necesarias para lograrlo, pero de seguro tengo la capacidad de hacerlo”.

Lo que sigue es darle fecha de vencimiento para que deje de ser un sueño y se convierta en objetivo, pero ya hablaremos de esto más adelante. Sin más rodeos, este artículo va de lo que descubrí hace relativamente poco –menos de un año- y que fue de increíble ayuda para lograr lo que me propuse a nivel personal y profesional

Para empezar, supongamos que vos y yo nos hacemos amigos y decidimos hacer un viaje. Nos vamos de vacaciones en auto desde Uruguay, más específicamente Montevideo, hasta Bariloche, Argentina.

Más allá de lo largo que pueda parecerte o no el viaje (son unos 1800 kilómetros), imaginemos que hacemos unos 300 kilómetros y vemos que hay corte de carretera. ¿Acaso pensaríamos en volver al lugar de partida? ¿Renunciaríamos al plan de las vacaciones? No sé vos, pero en lo personal me avocaría a la búsqueda de otro camino, una ruta alternativa que nos lleve a destino.

Esto que suena tan lógico y previsible en el ámbito de los viajes y las aventuras, no suele ser tan lógico y común en los ámbitos de pareja, emprendimientos, carreras profesionales, proyectos, entre otros.

De hecho, en dichos ámbitos, es más común escuchar “esto no es lo mío”, o “¡¿Quién me mandó a hacerlo?!”, sin dejar de mencionar el famoso “¡No nací para esto!”.

Para los amantes del látigo y la autoflagelación, a medida que avanzan en la lectura los invito a soltar las ideas que los llevan a castigarse hace años, y abrirse a la posibilidad de conocer e interiorizar nuevos esquemas que les permitan, por fin, lograr lo que se proponen sin morir en el intento.

Utilizo la breve historia que compartí para dejar esta pregunta sobre la mesa, ¿Cómo es posible que seamos de una determinada manera en el ámbito de los viajes y aventuras y de otra, totalmente diferente, en el ámbito de proyectos y relaciones? Me resulta curioso que no utilicemos recursos y aprendizajes que funcionan en un área de nuestra vida para ayudarnos a nosotros mismos a solucionar problemas de otras áreas.

Adentrémonos, ahora sí, en los cuatro pilares que promete el título de este artículo:

1. Claridad: es el primer pilar para lograr una ejecución efectiva de nuestros objetivos. Obtener claridad interior es darle lugar al debate interno de ideas, creencias, pensamientos y emociones sobre la elección de hacia dónde llevar nuestra vida personal y profesional.

En nuestros 12 años de educación formal –o incluso pueden que sean más de 15 si hemos de estudiar una carrera universitaria- nos acostumbramos a que nos digan hacia dónde debemos ir y que es “lo siguiente” en la escalera académica. Digo esto para llevar serenidad a quienes no sepan hacia dónde ir de buenas a primeras. No estamos programados para elegir por nosotros mismos.

Puede que aquellos que trabajen en relación de dependencia aún tengan una declaración de misión, visión, valores y estrategia empresarial que les indique medianamente hacia dónde ir en cuanto a lo profesional. Pero... ¿En lo personal quién elige?

En esencia, alcanzar claridad interior exige tiempo contigo mismo para lograr una verdadera identificación del camino que vas a elegir tanto en lo personal como en lo profesional.

Al final, como vas a pasar toda la vida contigo, tienes la oportunidad de empezar por conocerte, aceptarte, reconciliarte y reconocer lo que susurra tu corazón sobre esto de “hacia dónde llevar tu vida”.
 

2. Enfoque: por nuestra biología, estamos naturalmente predispuestos a tener un excelente o incluso sobresaliente desempeño al realizar una única cosa a la vez (o una pocas cosas en el mejor de los casos).

Mantenerse enfocado hace referencia a que lo más importante en tu vida, sea lo más importante. Esto, es sólo una cara de la moneda. No se trata solamente de decidir qué cosas son prioritarias (que para ello es menester una cuota de claridad interior).

Una vez que tenemos claro hacia dónde vamos con nuestras acciones, la segunda cara de la moneda consiste en evitar por completo todo lo que te distrae de lo que fue definido como importante.

Anteriormente se creía que estar enfocado era dar prioridad a lo verdaderamente importante. Hoy podemos decir que el enfoque, el decir “sí” a lo prioritario, se sostiene en los numerosos “no” que decimos a todas las otras cosas geniales y no prioritarias que nos rodean.

Así como en la historia del viaje de Montevideo a Bariloche, mantenerse enfocado tiene que ver con la capacidad de sostener –aún en situaciones de incertidumbre- la dirección previamente elegida.

Dicha dirección no determina necesariamente un único camino posible, sino que nos fija un norte de hacia dónde vamos y nos permite ser flexibles para explorar los posibles caminos que nos conecten desde donde hoy estamos hacia dónde queremos estar.

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