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3 caminos posibles hacia tu plenitud personal (parte 3)

“La bendición de hallar una traba es darnos claridad sobre nuestra próxima tarea”

Tiene sentido conectar con el principio de la acción una vez que hallamos la oportunidad de trabajar sobre una traba para nuestro desarrollo. Si bien este es el meollo de un proceso de coaching ontológico profesional, el hallar trabas y trabajar sobre ellas no es una propiedad exclusiva del coaching ontológico.

Si llegas a esta entrega sin haber leído las partes 1 y partes 2 respectivamente puede que te sientas un poco perdido. Mi sugerencia es que antes de continuar comiences el camino por 3 caminos posibles hacia tu plenitud personal (parte 1). De esta forma comprenderás porque vamos directo al tercer camino hacia tu plenitud personal.

Tercer camino: Principio de la acción

“No sólo actuamos de acuerdo a como somos. También somos de acuerdo a como actuamos. La acción genera ser”

No decimos nada nuevo al decir que nuestras acciones nos constituyen. Podemos cambiar quienes somos si empezamos a ser lo suficientemente consistente con determinadas acciones que hoy no nos son habituales.

¿Cuántas veces tiene una persona que llegar fuera de horario para ser llamada “impuntual”? ¿Cuántas veces tienes que llegar a horario para ser etiquetado como puntual? ¿Cuántas veces tienes que cumplir una entrega para ser responsable y con cuántas fallas eres considerado irresponsable?

El límite del significado de las etiquetas que le ponemos a nuestras acciones es completamente subjetivo. Por más que haya un diccionario o una real academia española de la lengua, los usos, las costumbres y las diferentes culturas nos dan libertad para ir clasificando y etiquetando, en nuestro cerebro, a las personas (y a nosotros mismos) por su manera de actuar.

El problema no es la etiqueta o el significado de la misma. Si estamos abiertos a una escucha empática y un diálogo abierto, más allá que nuestra etiqueta no signifique lo mismo que la de la persona que tenemos enfrente, con preguntas, apertura y diálogo genuino podemos generar códigos en común y ponernos de acuerdo en los términos y sus significados.

Lo curioso (o también podemos llamar peligroso) es lo que sucede en nuestra mente cuanto esta etiqueta llega a ser más que una simple etiqueta. Cuando se convierte en “lo que somos” y lo que no podemos dejar de ser.

Como sistema que somos, actuamos como actuamos debido a nuestra historicidad, intereses y tendencias. No necesitamos saber si estos han venido siendo siempre así, si estuvieron desde nuestro nacimiento o cuándo empezamos a ser así.

Una idea-etiqueta que me ha sido de mucha utilidad en estos casos es la siguiente: Hacemos lo mejor que podemos con lo que PENSAMOS que tenemos.

La llave está en que para hacer algo diferente a lo que viene haciendo, es necesario pensar diferente, cambiar el observador que somos, mirar con otros ojos para que, ante la misma situación, encontramos salidas que antes estaban totalmente capadas. De hecho, si no fuese necesario cambiar nuestro observador, ya habríamos logrado lo que queremos.

Quienes tienen muchas y bien fundadas opiniones son los que peor la pasan en este sentido. No porque tenerlas esté mal, sino porque no están habituados a cambiarlas. Nótese como la palabra “habituarse” que viene de hábito se ha escurrido entre estas líneas.

Quien no tiene el hábito de revisar, cambiar y actualizar los cimientos mentales sobre los que actúa, está perdiendo flexibilidad y aumentando sistemáticamente su rigidez.

En mi experiencia personal y profesional esto va en sentido opuesto de la persona que la pasa mejor en su vida, en su trabajo, en su pareja, con sus hijos, con sus amigos, etc.. Quien vive desde la rigidez paga un precio (a veces lo hace a costa de su propia libertad de pensamiento, acción y sentimiento).

A veces pensamos que no podemos cambiar tal o cual cosa y es la misma idea de que “ya soy así” la que nos aleja de ser como nos gustaría.

Para abrirse al cambio es necesario rendirse, aceptar, soltar la idea de que somos como somos y nada podemos hacer. Dejar de lado el rollo fatalista y melodramático es un golpe al ego, nadie dijo que fuese fácil.

Así como distinguimos entre fácil y difícil también distinguimos entre posible e imposible. Al poner esto sobre la mesa queda en evidencia que es posible. Esto se funda en la evidencia de que nosotros mismos e incluso clientes, equipos y personas lo hacemos a diario. Digo lo hacemos porque no es algo que se termine. Es una práctica como bañarse, nunca dejarás de bañarte por mejor baño que te hayas dado hoy.

Si llevamos la búsqueda de evidencia más allá, podemos preguntarnos, ¿Acaso tener hijos es fácil? Los seguimos teniendo. ¿Acaso aprender a manejar en fácil? Aprendimos y olvidamos por completo cuando nos parecía difícil. ¿Acaso aprender a caminar es fácil? Si tienes la bendición de apoyar tus pies por la mañana y caminar lo haces de manera natural y ni siquiera te preguntas cuándo lo aprendiste.

En tu propia vida hay evidencia de que lo “difícil” es posible. La clasificación "difícil" habita en tu mente, no en la acción o en el objetivo que tienes enfrente.

Si en tu vida te encuentras frente a un paso importante respira profundo, siente tu corazón y toca tu estómago. Nadie mejor que tu sabe cuál es el siguiente paso en tu vida. Si quieres acompañamiento, pídelo. Dejarse asistir es sanador.

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Buena vida,

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