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3 caminos posibles hacia tu plenitud personal

A lo largo de nuestra historia son numerosas las personas, grupos humanos y tradiciones que han incursionado en arte de allanar el camino de la vida y descifrar sus claves para un transitar más feliz y pleno.

Incluso podemos ver que la ciencia estuvo y está buscando dar respuestas a interrogantes y preguntas de la condición humana desde mediados del siglo pasado cuando la iglesia católica comenzó a perder efectividad en el compartir de su mensaje.

Es cierto que compartir lo descubierto y contagiar las experiencias de un camino recorrido constituye en acto de generosidad. Pero la generosidad no es un rasgo puramente humano. Así como en la leyenda de Rómulo y Remo (gemelos fundadores de Roma en el 771 a. C.) una mamá lobo amamanta y criaba a estos célebres personajes de la historia romana, muchos hemos sido testigos de actos de maternidad, hermandad e incluso paternidad entre animales de distintas especies. Al mirarlo también en otros seres vivos, podemos reconocer que la generosidad nos es algo común y resulta fácil de identificar en otros y en nosotros.

La imagen recién compartida y la idea de generosidad nos ayudan a introducir el tema y el desarrollo de esta entrega: tres caminos que podemos transitar hacia vivir una vida más plena.

IMPORTANTE: Lo compartido a continuación no es una receta de cocina que con leerla y entenderla nos baste para lograr lo que queremos. Estamos diciendo que, como en todo camino, el conocimiento es transferible pero la experiencia no. Dos personas pueden caminar el mismo camino y sin embargo haber vivido, experimentado y aprendido cosas totalmente diferentes.

El condimento esencial para hacer de lo vivido un aprendizaje valioso y perdurable es la disposición y actitud interior hacia lo que sea que suceda. No es tanto algo que debemos hacer, más bien es algo que es necesario permitir que nos-suceda. Para ello veremos que en cada camino tenemos un principio que nos asiste e ilumina en nuestro andar.

Primer camino: Principio del Observador

“Vivimos en mundos interpretativos. No sabemos como son las cosas, sólo sabemos como las observamos o cómo las interpretamos”

Si citamos exactamente lo que dice el Talmud incluso diríamos: “No vemos las cosas como son, las vemos como somos”. Este primer principio nos regala la certeza de que hay algo más allá de lo que cada uno de nosotros ve cuando mira una persona, una situación o una cosa.

Un claro ejemplo de esto es la anécdota de la mujer y el anillo en su lecho de muerte que comentamos en ¿Cuánto talento es suficiente para vivir de él? Allí podemos ver como la misma cosa, aparentemente igual y sin nada especial, cambiaba de valor según quién la observaba. Esta es la esencia del Principio del Observador.

En pos de comenzar a transformar nuestra vida y vivir algo que tenga significado para cada uno de nosotros es necesario ser conscientes que nadie vive y experimenta la realidad como tu. Incluso otra persona puede atravesar lo mismo que tu y experimentar cosas totalmente diferentes. Esto no es una excepción, más bien esto es la regla. La excepción es que haya experimentado algo completamente similar y eso los haga tener algo en común.

Este principio es incluso tan potente que alguien podrá decir “pero... no me gusta” o incluso “me duele”. Y si, a mi también me dolió. Lo interesante es que cuando permitimos que la vida haga lo que hace con cada uno de nosotros nos damos cuenta que en realidad no te duele a vos, le duele a tu ego.

Ryan Holiday, en su libro “El Ego es el enemigo”, comenta este tipo de mecanismos que tiene el ego para evitar ser transformado. Sin embargo la función del ego en la vida de cada uno de nosotros es importante. Es decir, somos seres tan particulares y bien pensados (vaya uno a saber por quién) que me cuesta creer que el ego está donde está por error o por azar.

Veamos un ejemplo concreto: Supongamos que simpatizas por determinado equipo de fútbol y es tan buen equipo (o los otros son tan malos equipos) que todas las semanas gana con resultados completamente absurdos. Pongámosle un 20 a 0, otro 35 a 0, e incluso un 50 a 0. Al cabo de un tiempo, y considerando que todo sigue igual, no tendrá mayor emoción ir a ver a tu equipo jugar. Ya sabes que ganará por goleada y se torna tan habitual que carece de sentido y emoción.

Esto mismo sucede contigo y tu ego. El ego es tu contrincante pero es lo suficientemente bueno como para plantear oposición. Esto no lo hace de malo, lo hace para que evoluciones tu nivel de consciencia, para que crezcas, para que te desarrolles y para que día a día puedas convertirte en un mejor equipo. Está donde tiene que estar y no quiero imaginar qué sería de nuestra vida si no hubiésemos venido con ego.

La clave práctica para utilizar el Principio de Observador a tu favor consiste en preguntarte y desafiar todo aquello que dices “esto es así...”. Todo lo que va después del “esto es…” ofrece la oportunidad de ser revisado y transformado justamente porque no sabemos como son las cosas, las interpretamos de determinada manera.

La importancia de la re-interpretación tiene sentido en este tiempo y este lugar por la velocidad de los cambios, por la creciente incertidumbre y por la profunda insatisfacción personal y profesional que viven muchas personas a nivel mundial. Si bien hoy no entramos en ello, te dejo este artículo si quieres profundizar ¿Qué es y cómo encuentro mi propósito personal?

Si no logras hacerte buenas preguntas te ofrezco dos opciones: uno puedes ir a El poder de saber preguntar y el otro es buscar a alguien que esté a tu servicio y te haga preguntas poderosas. Si bien hay dos caminos más que quiero compartir contigo, no me gustaría extenderme en esta entrega y los dejaremos para la siguientes semana.

Para profundizar sobre la lectura de hoy, sugiero que vayas a La cómoda incomodidad (y cómo salirse de ella). Recuerda que si quieres recibir contenido como este todas las semanas en tu bandeja de entrada sólo es necesario que dejes acá abajo tu dirección de correo.

Buena Vida,

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